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jueves, 1 de septiembre de 2016

Capítulo 20


Decorado de flores y de luces resplandecientes, el hotel relumbraba como en un sueño. Con todo lo que había sido, lo que había albergado en su larga vida, aquella celebración de amor, fe y entereza brillaba intensamente.

El aire rezumaba olor a rosas, toques de madreselva, un suave aroma a lilas. Sobre sus cabezas, un cielo azulísimo.

En el interior de la alcoba de cuento de Titania y Oberon, Claire se introdujo en el vestido de novia. Inspiró hondo, sonriéndole a su madre mientras Ashley le recolocaba el vestido.
 
Claire: Nada de lágrimas, mamá.
 
Rosie: Mi niña está guapísima -pestañeó un poco para contener las lágrimas y se acercó a cogerle la mano a Claire-. Y tan feliz.
 
Ash: Perfecto -retrocedió hasta donde estaba Vanessa-.
 
Claire: Eso es lo que parece todo en este momento -inspiró hondo de nuevo mientras se volvía al espejo-. Perfecto.
 
Ash: Y todo según lo previsto, además. Vamos a salir al balcón a hacer unas fotos -ordenó-, para seguir haciéndolo bien.
 
Claire: ¿Seguro que Alex no anda por ahí? No quiero que me vea con el vestido antes de la ceremonia. Sé que es una tontería, pero…
 
Ness: No lo es -la corrigió-. Voy a volver a J y R para asegurarme de que los hombres no se mueven de ese lado.
 
Ash: Te necesitamos para las fotos -le recordó-.
 
Ness: Vuelvo enseguida. Voy a por Rachel y los chicos, y a ver cómo van las cosas en el lado del novio. Empezad, vengo en cinco minutos -dijo, y salió corriendo. Observó que la puerta de Elizabeth y Darcy estaba abierta-. No puedo entretenerme ahora. Tengo el tiempo justo. Pero luego me paso.
 
Marcando el ritmo con los tacones de sus zapatos de boda, disfrutando del modo en que fluía alrededor de sus piernas el vestido, del color de un espumoso champán, avanzó aprisa hacia la parte trasera y cruzó la puerta, el porche.

Oyó voces antes de llamar con los nudillos: los chillidos de los niños, una risa grave y estruendosa.
 
Ness: ¿Estáis visibles? -gritó mientras abría despacio la puerta-.
 
David: Define visible.
 
Divertida, cruzó el umbral.

Rachel, el pelo suelto, mejilla con mejilla con Alex. Otro momento perfecto, pensó Vanessa mientras David y los chicos -de traje oscuro-, sentados en la cama, con las cartas extendidas, jugaban una partida rápida.
 
Liam: ¡Es la hora! -empezó a bajar de la cama, provocando una estampida-.
 
Ness: Todavía no. Primero haremos unas fotos, luego el fotógrafo bajará aquí y os las hará a vosotros. ¿Dónde está Zac?
 
David: Ha ido a por refrigerios líquidos -contestó-.
 
Ness: Estás guapísimo. Dios, todos estáis guapísimos. Necesito llevarme a Rachel y a los niños para las fotos, ahora os los devuelvo. El resto del equipo del novio se queda en la parte posterior del hotel. Nada de intentar escaparse al otro lado.

David: ¿Y si pedimos una pizza? -preguntó, e igual que con la estampida, provocó un pequeño motín entre los más jóvenes-.
 
Rachel: Luego -se volvió y puso orden con una mirada que Vanessa supuso llevaba años empleando con ese fin-. Vamos, tropa. Ahora nos vemos -susurró besando a Alex en la mejilla-.
 
Mark: Es que tengo mucha sed -le lanzó a Rachel una mirada suplicante rematada con una sonrisa esperanzada-.
 
Ness: Yo me encargo de eso. Enseguida os alcanzo -le prometió a Rachel-.
 
David: Gano yo por abandono.
 
Harry se volvió de inmediato y vio la sonrisa de satisfacción de David.
 
Harry: ¡Ni hablar!
 
David: Por supuesto. La partida ha terminado para ti, perdedor.
 
Rachel: Moratoria -declaró-. Una pausa en la batalla -le explicó a Harry mientras los sacaba de allí-.

Y le lanzó a David la misma mirada asesina de antes al tiempo que cerraba la puerta.
 
Ness: Estáis todos guapísimos, de verdad -dijo con la mano en el pomo-. Pero esperad a ver a Claire.
 
Alex: Solo dime que no voy a tener que esperar mucho más.
 
Ness: Ya casi estamos -le prometió a Alex, y salió pitando-.
 
Mientras bajaba, Vanessa echó un vistazo al Patio. Las carpas, de blanco novia bajo el relajante cielo azul, más flores, más luces.

Perfecto, como diría Ashley con toda la razón, pensó Vanessa.

Zac apareció con una bandeja de bebidas en las manos. Se toparon sus miradas, ella en las escaleras, él abajo. Duró un instante -romántico, de ensueño- y el corazón se le alborotó un poquito.

Zac no podía quitarle los ojos de encima, viendo el sol reflejarse en su melena de reina escocesa.
 
Zac: Alucinante.
 
Ness: Está todo precioso -siguió bajando-. Piensa en esto hace un año. Cuesta creer que haya podido cambiar tanto, en lo que se ha convertido.
 
Él no le quitaba los ojos de encima.
 
Zac: Yo estaba pensando en lo mismo.
 
Ness: Rachel se ha llevado a los niños al lado de la novia para las fotos. Yo les llevo los refrescos.
 
Zac miró la bandeja que tenía en las manos. Curioso, por un instante la había olvidado, había olvidado la boda, había olvidado el mundo.
 
Zac: Sí. Sprite, que, según Liam, es lo mismo que el champán, y uno de verdad para mamá.
 
Ness: Y cerveza para ti y tus hermanos. Aún tardaremos unos quince minutos más, según el ajustado programa de Ashley. Luego el fotógrafo se encargará de vosotros.
 
Zac: Estaremos preparados. Tengo el programa.
 
Ness: Pues claro.
 
Llevó la bandeja al porche, hizo la transferencia de bebidas.
 
Zac: Alucinante, de verdad -añadió haciéndola reír mientras salía corriendo-.
 

Zac abrió la puerta y entró.

Zac: ¿Recuerdas lo de que, si Vanessa estaba embarazada, querría casarme con ella?
 
David: No jodas, ¿Vanessa está embarazada? -cogió enseguida una cerveza de la bandeja-.
 
Zac: No. -Pero de pronto entendió la rara sensación que había tenido al enterarse de que el test de embarazo era de Claire. Una pizca de desilusión-. El caso es que hace un minuto me he dado cuenta… no me he dado cuenta, pero me doy cuenta ahora.
 
David: Suéltalo ya -le advirtió bromeando-, o te vas a cargar el planning.
 
Zac: Que quiero casarme con ella. -Algo aturdido, miró a David, luego a Alex, después a David otra vez-. Quiero casarme con Vanessa Hudgens.
 
Alex: Bueno. Bebamos por eso -cogió su cerveza, luego la de Zac, y retiró la bandeja-. Aquí tienes.
 
Zac miró ceñudo la cerveza.
 
Zac: ¿No os sorprende ni siquiera un poquito?
 
Alex: No. Ni siquiera un poquito.
 
David. Espera, espera -retrocedió, los ojos fruncidos-. ¿Hablas de casarte, casarte? ¿Primero Alex y ahora tú? -Miró con recelo la cerveza-. ¿Lleva algo esto? ¿Una especie de poción casamentera? Porque eso sí que me va a cabrear.
 
Alex: No es la cerveza, capullo -sonrió a Zac-. Deberías pedírselo hoy. Que se lo pidas en una boda parece que da suerte.
 
Zac: Tengo que meditarlo -resopló-. Necesito pensar el cómo, el cuándo y todo eso.
 
David: Tiene que meditarlo -le dio un trago a la cerveza-. Esto promete.
 
 
Cuando su parte de las fotos de los momentos previos estuvo hecha, Rosie le dio a Claire otro abrazo.
 
Rosie: Voy a echar una mano con los niños, luego le pediré a tu padre que suba.
 
Ash: Veinte minutos -anunció, móvil en ristre-. Zac me está mensajeando, así sabré cuándo terminan las fotos. Y cuándo salen Alex y su grupo al Patio.
 
Rosie: Ya le pregunto yo a Zac, tranquila.
 
Ness: ¿Os estáis mandando mensajes? -le preguntó cuando salió Rosie-. ¿Acaso no recuerdas que esto iba a ser algo informal?
 
Ash: Informal no significa cutre. Empiezan a llegar los invitados, por cierto.
 
Ness: Cuenta atrás -cogió el champán-. ¿Alguien más?
 
Claire: Yo no -respondió, luego frunció el ceño-. No, un trago. Creo que debería beber un trago de suerte.
 
Ness: Un trago para la novia y una copa llena para sus asistentes.
 
Ashley cogió su copa.
 
Ash: Por la novia.
 
Claire negó con la cabeza.
 
Claire: No, no, por el matrimonio. Por las promesas, las concesiones, la tolerancia. Por eso me gustaría brindar.
 
Ash: Por el matrimonio, entonces -coincidió mientras chocaban las copas-.
 
Claire: Y por la familia -añadió después de un sorbito-. No es solo la pareja, son los niños, cuando los tienes, los padres de los que vienes. Esto, también. La gente que te enriquece la vida, que le da plenitud y estabilidad. Vosotras dos me dais eso.
 
Ness: Tú te has propuesto hacernos llorar -consiguió decir-.
 
Claire: Sí, me ha parecido buena idea -bebió otro sorbito, dejó la copa-. Pero me siento especialmente lúcida. Anoche pensé en John. Mucho. Y ahora sé, estoy convencida, de que se alegraría de que haya conocido a Alex. De que tenga a Alex y los niños lo tengan también. Eso me hace feliz. Y ahora lo único que quiero hacer es dirigirme al Patio, acercarme a Alex y a los niños, con este en mis entrañas -dijo llevándose la mano al vientre-. Y hacer todas esas promesas. Después voy a bailar con mi marido y con nuestros hijos.
 
Ash: Después de que yo te retoque el lápiz de labios -declaró-.
 
Mientras Ashley iba de un lado a otro, Vanessa se acercó al porche. Solo un minuto, pensó. Un minuto nada más.

Oyó que se abría el balcón y miró abajo, a Elizabeth y Darcy. Tenía compañía. Eso estaba bien, decidió.
 
Ness: No acabo de entenderlo. No estoy triste, pero no sé si contenta es la palabra. Por Claire, claro. Por Claire, radiante. Pero, por lo demás, estoy en un punto intermedio. No acabo de entender cómo va esto, ¿sabes? La miro y la veo tan segura, nada nerviosa, sin dudas, sin inquietudes. ¿Cómo será sentirse así? ¿Cómo se llega a ese punto?

Contempló Vesta, después Pasar la página, en Main Street. Eso sí lo entendía: ese compromiso, esa entrega. Pero ¿qué encendía ese interruptor interno que le permitía a uno dar esos pasos por y con otra persona?
 
Ness: Da igual. Hoy no soy yo la protagonista. Es un día feliz. El día de Claire.
 
Se volvió para entrar, vio algo en la mesa, entre las puertas. Ceñuda, se acercó y cogió una piedra pequeña. Era lisa y suave como un canto rodado, en forma de corazón. La tuvo entre las manos mientras miraba fijamente las iniciales grabadas en el centro.
 
L. F.

B. R.

Ness: Lizzy Ford. B, ¿de Billy? Debe de serlo. -Con el corazón loco, miró a su alrededor. La puerta del balcón seguía abierta, esa fragancia de verano frágil como pétalos-. ¿Te lo dio él? ¿Billy? Debió de ser él. Y… aún la conservas. Pero ¿cómo? ¿Cómo es que la tengo yo ahora mismo? ¿Cómo puede…?
 
Ash: ¡Vanessa! -la llamó-. Cuenta atrás.
 
Ness: Hoy es el día de Claire -repitió apretando la pequeña piedra en la mano-. No se la puedo enseñar ahora, pero se la llevaré a Zac. Prometido. -Se llevó al pecho la mano con la que sostenía la piedra-. Prometido -repitió-.
 
Ash: ¡Vanessa!
 
Ness: ¡Un segundo! -Entró corriendo y se fue directa a su bolso-. Lápiz de labios.

Guardó la piedra dentro, se preguntó si seguiría ahí cuando volviera.
 
 
Mientras el sol iba deslizándose hacia las colinas del oeste, vio casarse a sus amigos, oyó las promesas que se hicieron, que les hicieron a los niños que formaban su familia, vio chispear los anillos -otra promesa- bajo el suave destello de luz.

Los dos desbordaban alegría, simple e inmensa, observó Vanessa, en un torrente lento y cálido. Notó que crecía en ella también, algo hermoso y real, firme y fuerte.

Cuando se besaron por primera vez como marido y mujer, las lágrimas que inundaron los ojos de Vanessa fueron de alegría.

Luego hubo abrazos, aplausos, música. Zac la cogió de la mano, la condujo por el pasillo que formaban las sillas a la puerta del Vestíbulo. Más abrazos, lágrimas, risas cuando Mark anunció, a voz en grito y con rotundidad que se hacía pis.
 
Ash: Primero el pis, después las fotos -anunció-. Novia, novio, padrinos y familia. Claire, Alex y los niños; después Claire y Alex. -Miró al fotógrafo-. Cuarenta y cinco minutos. Así vamos según el horario previsto.
 
David: ¿Llevas un crono encima?
 
Ness: Aquí -se dio una palmadita en la frente-.
 
Ash: Claire y Alex tienen que poder bailar, comer, divertirse.
 
David: No creo que eso les preocupe -señaló mientras los novios se daban otro largo beso-. Relájate, comandante.
 
Ash: Relájate tú -masculló, y se esforzó por reconducir a los invitados-.
 
Vanessa quiso llevar a Zac a un aparte, pero no se le presentó la ocasión propicia y las circunstancias se lo impidieron.

Podía esperar, pensó, y se centró en el momento.

Tras las fotos, el regreso de los novios, el primer baile y los brindis, consiguió llevárselo dentro.
 
Zac: Quiero bailar contigo.
 
Ness: Estoy más que dispuesta, pero antes quiero enseñarte algo. Arriba.
 
Zac: También hay comida… tiene buena pinta.
 
Ness: Luego comemos, bebemos, bailamos. Lo hacemos todo. -Le agarró la mano con fuerza mientras subía aprisa las escaleras-. Te cuento. Yo había salido al balcón justo antes de que bajáramos. Estaba algo… pensativa, quizá. Gran día. Y ha salido ella. Bueno, el balcón estaba abierto. Estaba pensando en Claire y Alex, su boda, sus votos, y eso. Preguntándome, de hecho, de dónde saca la gente las agallas o lo que haga falta para dar ese paso.
 
Zac: No son agallas.
 
Ness: Lo que sea. -Abrió T y O, lo llevó dentro-. Ashley me estaba gritando que volviera dentro y, cuando he ido a darme la vuelta, me he encontrado esto en la mesa que hay entre las dos puertas.
 
Cerró los ojos un instante, metió la mano en el bolso y soltó un suspiro de alivio cuando sus dedos se toparon con la piedra.
 
Zac: Una piedra. Dios, qué gran descubrimiento.
 
Ness: Cállate. Mírala, Zac.
 
Cuando Vanessa se la acercó, Zac la miró, le dio la vuelta. Su expresión pasó de risueña a perpleja, luego maravillada.
 
Zac: Te lo ha dado ella.
 
Ness: Lo ha dejado en la mesa. Cuando he salido al balcón no estaba ahí. Seguro. De pronto, sí. Yo no diría que me la haya dado a mí, pero sí que quería que la viera. ¿No te parece?
 
Za: No acabo de entender cómo puede tener esto, o materializarlo. O… yo qué sé.
 
Ness: Yo he optado por no darle demasiadas vueltas, no vaya a ser que me reviente el cerebro. Debió de dársela él. Por la forma, por las iniciales.
 
Zac: ¿Por qué iba a darle una piedra? Si lo piensas bien…
 
Ness: Es un corazón, con las iniciales en el centro. Muy tierno, ¿no?
 
Zac: Supongo. La B de Billy cuadra. William. R. Es posible que nos venga bien tener la inicial del apellido.
 
Ness: Ashley y tú sois quienes lo investigáis, por eso quería darte la piedra cuanto antes. Ashley está encargada de organizar el cotarro aquí, así que te ha tocado. Pero deberíamos pasársela a ella después del convite.
 
Zac: Te la ha dado a ti.
 
Ness: ¿Lizzy? No, la ha dejado donde yo pudiera encontrarla.
 
Zac: No hay mucha diferencia.
 
Ness: Querría que Ashley la tuviera. Ella es su descendiente.
 
Zac: No la ha dejado donde Ashley pudiera encontrarla. -Se la devolvió a Vanessa-. Quédatela tú.
 
Ness: No me parece bien.
 
Zac: Me parece que te la ha dejado a ti por algo. Puede que si te la quedas un rato consigas averiguar por qué. Mientras, yo buscaré a William R. Cuando termine la boda, se lo contamos a Ashley.
 
Ness: Muy bien, pero se me hace raro. -Acarició las iniciales antes de guardársela de nuevo en el bolso-. Si se la lleva, yo no me hago responsable.
 
Zac: ¿Te he dicho ya que estás alucinante?
 
Lo miró con ojos chispeantes.
 
Ness: Igual lo has mencionado de pasada.
 
Zac: Pues lo estás. Y… -No, se dijo, de forma impulsiva, no; el día de la boda de su hermano, no, aunque diera suerte-. Hay que volver. No se me casa un hermano todos los días.
 
Ness: Tienes razón.
 
Zac: ¿Qué has querido decir con lo de agallas? -le preguntó mientras bajaban-.
 
Ness: ¿Qué?
 
Zac: Lo de que hacían falta agallas para casarse. Hacen falta agallas para, no sé, para ir a la guerra, o defraudar a Hacienda, o hacer caída libre.
 
Ness: Solo quiero decir que hay que pensárselo muy bien antes de dar ese paso de hasta-que-la-muerte-o-el-divorcio-nos-separen.
 
A Zac le sonó mal, fatal.
 
Zac: ¿Siempre has sido tan cínica?
 
Ness: No soy cínica. -Hasta la palabra le molestaba-. Solo realista, y curiosa. Una realista curiosa.
 
Zac: Échale un vistazo a eso -le propuso cuando volvieron donde bailaban las parejas… Claire y Alex, su madre, el padre de ella, los padres de Claire, y más-. Eso es real.
 
Real, se dijo Zac, y lo que él quería. Lo que quería con Vanessa.
 
Ness: Y es bonito. Precioso. Un instante. Un instante importante. Pero hay miles de instantes después de la fiesta. Por cierto, ¿por qué no estás bailando conmigo?
 
Zac: Buena idea.
 
Se esforzó por disimular, pero lo que ella había dicho lo había trastocado por dentro. Y sabía que ella también lo notaba.
 
 
Vanessa no tenía tiempo para agobiarse por eso, ni pensarlo siquiera. Solo les quedaba una semana para terminar los últimos detalles de la casa, amueblar, equipar la cocina.

Recordó el último empujón en el hotel, pero esta vez, con Alex y Claire de luna de miel, les faltaban dos pares de manos.

Aun así, esa sensación de déjà vu no dejó de acompañarla mientras Ashley y ella metían vajillas, cristalerías, cuberterías, cazos, sartenes y bandejas en los armarios.
 
Ness: No se entristecerá por no haber podido hacer esto ella misma, ¿verdad?
 
Ashley negó con la cabeza.
 
Ash: Ya lo he pensado, dos, tres veces. Luego me la he imaginado volviendo después de una semana de descanso fuera, con todo el trabajo de la tienda esperándola, los niños, la nueva rutina, y embarazada. Creo que agradecerá no tener que cargar cajas, desempaquetar y todo lo demás.
 
Ness: Yo también lo creo, pero, a veces, sigo dudando. Es fantástico que los niños pasen unos días con los padres de John. Les viene bien, pero admito que los echo de menos. Como el poder tirar de esas piernas incansables para hacer recaditos.
 
Ash: Ya casi lo tenemos. Con Rachel y Rose ocupándose de la ropa y de la de cama, y Zac y David haciendo las tareas pesadas, estará todo perfecto para cuando lleguen. -Hizo una pausa y se llevó la mano al móvil-. Voy a ver… tendría que asegurarme de que Amy ha pedido las flores.
 
Ness: Sabes que sí. Relájate, comandante.
 
Ash: Como David me vuelva a llamar así, le doy una patada en los huevos -hizo una pausa y giró los hombros-. La casa es preciosa: la madera, los detalles, la sensación de espacio.
 
Ness: Los Efron trabajan bien.
 
Ash: Sí. A propósito de Efron, ¿qué os pasa a Zac y a ti?
 
Ness: Nada.
 
Ashley echó un vistazo a la escalera.
 
Ash: Rachel y Rose están en la segunda planta. Zac y David han ido a por otra carga. Estamos tú y yo solas.
 
Ness: No lo sé exactamente. La cosa está un poco floja desde la boda. Culpa mía, supongo, o algo. Cuando le enseñé la piedra en forma de corazón, hice un comentario sobre el matrimonio. Sí quiero, hasta que la muerte o el divorcio nos separen, o algo así. Piensa que soy una cínica.
 
Ash: ¿Por qué será?
 
Ness: No lo soy.
 
Ash: No, no lo eres. Pero guardas en tu armario el equipaje de tu madre. Algún día vas a tener que deshacerte de él.
 
Ness: No es así. O igual sí -admitió, molesta consigo misma-. Pero ya solo tengo una bolsa de fin de semana. Ahora estamos de mal rollo, y eso es lo último que quiero. Somos amigos de toda la vida. De hecho… -Miró alrededor para asegurarse de que estaban solas de verdad-. La otra noche me encontré esto en mi caja de recuerdos. -Abrió el bolso y la cremallera de un bolsillo y sacó un anillo de plástico con forma de corazón rosa-. Me dio esto cuando tenía unos seis años y estaba loca por él.
 
Ash: Ay, Vanessa, qué mono. Qué tierno.
 
Ness: Lo era, lo es. Es de una máquina de chicles. Solo andaba tonteando conmigo, pero yo estaba en la cima del mundo. Él es muy de estas cosas. Es muy tierno.
 
Ash: Lo has guardado todo este tiempo.
 
Ness: Anda, claro. Mi primer anillo de compromiso. -Por hacer un poco el tonto, se lo puso, meneó los dedos. Pero, curiosamente, el vérselo puesto la puso algo triste-. Y ahora lo nuestro ya no va bien -siguió mientras se lo quitaba-. Puede que quiera dar un paso atrás y…
 
Se interrumpió al oír que se abría la puerta y le hizo un gesto a Ashley como de cerrarse la boca con cremallera mientras volvía a guardar el anillo en el bolso.
 
 
Mientras Bobo estaba tirado en el suelo de la cocina, obviamente agotado, Vanessa ayudó a colocar las mesas, las lámparas, las almohadas. Cuando Ashley tuvo que volver al hotel, Vanessa desempaquetó toallas, colocó jabones, yendo del dormitorio principal al baño de los niños, al de los invitados, al aseo, al baño de la planta baja.

Ya era de noche cuando volvió arriba, y se detuvo sonriente ante el salón. Acogedor, se dijo, cómodo y bonito.

Oyó que martilleaban y pasó a la sala de juegos. Zac, con el cinto a la altura de la cadera, colgaba un póster de X-Men enmarcado.
 
Ness: Has montado ya las estanterías de los niños.
 
Él la miró.
 
Zac: Lo ha hecho David antes de irse.
 
Ness: ¿Se ha ido?
 
Zac: Ya casi hemos terminado. Mamá me ha pedido que te diga que Rosie y ella volverán mañana, después de pasarse por la tienda de comestibles a por víveres.
 
Ness: Estupendo. Supongo que tienes razón. No se me ocurre nada más que hacer. No estaba segura de que fuéramos a conseguirlo, y nos ha sobrado un día entero.
 
Zac: Hemos tenido mucha ayuda.
 
Ness: Y Ashley y tú con vuestras listas de comprobación. Este cuarto está genial. Divertido. Alegre. Toda la casa tiene ese aire.
 
Za: Sí, es cierto.
 
Ness: ¿Te apetece una cerveza de recompensa?
 
Zac: No me importaría.
 
Salió y abrió dos. Se trataban de forma tan educadita, se dijo. Correcta. Rara.

Ya estaba harta, decidió dejando las cervezas en la encimera de la cocina. Esperó a que Zac se hubiera quitado el cinto de herramientas.
 
Ness: ¿Estás cabreado conmigo?
 
Zac: No. -Sus serenos ojos azules la miraron fijamente-. ¿Por qué iba a estarlo?
 
Ness: No lo sé. Pero no… tú… algo no va bien desde la boda.
 
La escudriñó mientras le daba un trago a la cerveza.

Zac: Quizá tengas razón.
 
Ness: Si no estás bien, te agradecería…
 
Za: ¿Por qué haces eso? ¿Por qué siempre piensas que no funciona, no va a durar, o no cuaja?
 
Ness: No quería decir eso. Yo… -Cuando él le hizo un gesto de desdén y se acercó a la ventana del fondo, ella apretó la mandíbula-. Estás cabreado conmigo.
 
Zac: No, pero me estoy empezando a cabrear. -Le dio otro trago a la cerveza, luego volvió y la dejó en la encimera. La miró a los ojos-. ¿Qué pasaría si te dijera que no lo termino de ver? Sin chorradas, Vanessa, la verdad. ¿Si te dijera que quiero dejarlo?
 
La mandíbula, que apretaba con fuerza, empezó a temblarle. Y todo su interior tembló con ella.
 
Ness: Me partirías el corazón. ¿Eso quieres oír? ¿Necesitas saber que podrías?
 
Zac: Sí. -Cerró los ojos, suspiró-. Sí. Eso es exactamente lo que necesitaba oír y lo que necesitaba saber.
 
Ness: ¿Y por qué ibas a querer hacerme daño? Tú no eres cruel. Tampoco eres frío. ¿Por qué ibas a querer hacerme daño? Si quisieras recular, podrías hacerlo sin ser cruel.
 
Zac: Déjalo ya. -Su voz sonó tremendamente paciente-. Yo no pienso recular. No quiero recular. Ya está. Pero tú no crees en mí, ni en ti. Ni en nosotros.
 
Ness: Sí creo. ¿Qué te hace pensar que no? -En cuanto lo dijo, supo el porqué-. A veces digo estupideces. A veces pienso estupideces. Deberías saberlo ya.
 
Zac: Te conozco, sí, Vanessa. Sé que eres fiel y generosa, eres fuerte y ambiciosa.
 
Desde la boda de Alex, Zac había estado buscando la respuesta, la solución. Creía que la tenía.
 
Zac: Vanessa, te cuestionas demasiado, te preocupa demasiado ser quien no eres. Porque tú no te pareces a ella. En nada, y nunca te has parecido. Me cabrea que no te des cuenta.
 
Ness: Estoy en ello.
 
Zac: Vale. -Se dispuso a coger de nuevo la cerveza, pero se detuvo-. No, no vale. Acabaremos dando vueltas sin llegar a nada. No vale, porque yo estoy enamorado de ti.
 
Ness: Ay, Dios mío.
 
Zac: Probablemente siempre lo he estado. Me ha costado darme cuenta, así que supuse que tú también necesitabas tu tiempo. Pero ya no puedo más. ¿Ves este sitio?
 
Ness: Sí, Zac…

Zac: Pues no es solo una puñetera casa, una puñetera casa preciosa. Es un lugar para crear, al que volver, en el que refugiarse.

Todo lo que sentía por ella lo invadió. Todo lo que quería lo rodeaba.

Se acabó lo de encontrar la forma, lo de pensárselo.
 
Zac: Yo también tengo una puñetera casa preciosa. Tú deberías estar allí conmigo. Crear algo en ella conmigo, volver a ella conmigo, refugiarte en ella, y en mí.
 
Ness: ¿Quieres que me vaya a vivir contigo?
 
Le había estado dando muchas vueltas, se dijo, y no era así como había previsto que sucedería. Joder, pensó. Todo o nada.
 
Zac: Quiero que te cases conmigo.
 
Ness: Ay, Dios. -Después de un par de respiraciones entrecortadas, bajó la vista-. No me siento los pies.
 
Zac: Desde luego tu reacción es de lo más frustrante.
 
Ness: Lo siento. Dame un minuto.
 
Zac: No. Maldita sea. No. No es una cuestión de agallas. Es cuestión de amor y fe, y esperanza, supongo. Cuando vi a mi hermano casarse con Claire, supe que quería eso. Siempre lo he querido, pero pensaba, claro, algún día. Algún día me establecería, sentaría la cabeza, formaría una familia. Ya es algún día, Vanessa, porque lo otro que sé es que algún día llegó contigo. Siempre has sido tú. Mi primera novia.
 
Ness: Necesito sentarme un segundo.
 
Lo hizo en el suelo. Agarró con fuerza la llave que llevaba colgada del cuello. Las puertas, se dijo, había que abrirlas. Y Zac se equivocaba; sí hacían falta agallas. Pero ella no era una cobarde.
 
Ness: ¿Cómo te sentirías si te dijera que no, que yo no busco eso?
 
Zac se puso en cuclillas, la miró fijamente a los ojos.
 
Zac: Me partirías el corazón.
 
Ness: Jamás haría eso.
 
Zac: ¿Te vas a casar conmigo para no herir mis sentimientos?
 
Ness: Te quiero lo bastante para hacerlo. Tú me alborotas el corazón, Zac. Siempre me lo has alborotado. Me había acostumbrado a eso y, a lo mejor, por haberme acostumbrado, no he sabido valorarlo lo suficiente. Cuando empezamos a estar juntos, ese alboroto se convirtió en algo más. Algo más, algo con lo que no sabía qué hacer. Nadie me ha hecho sentir nunca como tú, antes y ahora. Pensaba que me faltaba algo porque no lograba sentir lo suficiente, pero lo único que pasaba es que los otros no eran tú.
 
Zac se sentó enfrente de ella.
 
Zac: Ahora ya no falta nada, no nos falta nada. Di que sí.
 
Ness: Un momento. Lo que siento… -Se le iluminó en el interior, de repente-. Dios, es como la piedra-corazón. ¿Eso intentaba decirme? Es fuerte, sólido, duradero. Nunca pensé que pudieras sentirlo por mí, así que no podía abrir ese sitio y dejarlo salir. Y sí que hacen falta agallas. -Se limpió una lágrima-. A mí me han hecho falta.
 
Él le cogió la mano.
 
Zac: Estoy enamorado de ti, Vanessa. Di que sí.
 
Ness: Seguramente se me dará fatal el matrimonio.
 
Zac: Eso será problema mío, ¿no?
 
Lo miró a la cara, tan familiar, tan valiosa para ella. No, no les faltaba nada.
 
Ness: Necesito mi bolso.
 
Zac: ¿Ahora?
 
Ness: En serio, lo necesito.
 
Zac: Dios, te vas a cargar la magia.

Se aupó, se levantó, lo cogió de la encimera y se lo dejó caer al regazo.

Y se quedó totalmente pasmado al verla sacar el anillo de plástico rosa.

Vanessa se lo ofreció a él.
 
Ness: Quiero ser tu problema, Zac, el resto de mi vida.
 
Zac: Lo has guardado -susurró. Sonriendo, empezó a ponérselo en el dedo, pero ella cerró la mano-. No me vaciles, Vanessa. Di que sí.
 
Ness: Un momento. Yo no tengo… ¿cómo se dice…? la ecuanimidad de Claire, ni tampoco la eficiencia de Ashley.
 
Zac: ¿Acaso exijo alguna de las dos para que te cases conmigo?
 
Ness: No, y más te vale. Yo no tengo tu paciencia, y menos mal que ya la tienes tú. Me esforzaré mucho, pero eso ya lo sabes.
 
Zac: Ya lo sé. Di que sí.
 
Ness: Te quiero. Eres mi amigo, mi amante, mi media naranja. -Sonrió al fin, le dio un beso en la mejilla-. Mi primer novio va a ser mi último novio. Sí. -Le tendió la mano para que le pusiera el anillo-. Total y definitivamente sí.
 
Se lo puso.
 
Zac: Te vale. Casi.
 
Ness: Entonces me quedaba grande. Ahora ya me vale.

Se subió a su regazo.
 
Zac: Te ha costado.
 
Ness: Tal y como lo veo ahora, solo lo justo.

Extendió la mano, meneó los dedos. Ya no estaba triste. Era feliz.
 
Zac: Te compraré uno de verdad. -Le cogió la mano y le besó el dedo por encima del corazón de plástico rosa-. Ya sabes, un diamante o lo que te apetezca.
 
Ness: Este es de verdad, pero vale, acepto el de diamante. Te acepto a ti, Zac, y menos mal que tú me aceptas a mí.
 
La abrazó con fuerza, envolviéndola.
 
Zac: Vanessa. -Lo invadió la emoción al atrapar sus labios. Suya al fin, se dijo, allí, en sus brazos-. Aquí estamos.
 
Ness: Tú y yo -susurró-. Ahora entiendo lo que decía Claire.
 
Zac: ¿De qué?
 
Ness: De cómo se sentía justo antes de la boda. Me dijo que no estaba nerviosa. Estaba lúcida. -Se apartó, le cogió la cara-. Yo también. Firme y segura. Tú también eres mi «algún día». Vamos a casa y empecemos a crear algo.
 
Zac la ayudó a levantarse y juntos apagaron las luces, cerraron las puertas y salieron de la mano.

Vanessa pensó en la llave que llevaba colgada del cuello y en la piedra-corazón que aún tenía en el bolso. Y en el tierno anillo de una bola de chicle.

Símbolos, todos ellos, de lugares por descubrir, y de un amor duradero.


FIN


¡Qué bonito!
Después de darle tantas vueltas por fin se casan... ^_^

Espero que os haya gustado esta novela tanto como a mí. Forma parte de una trilogía, si queréis pongo el resto cuando las tenga. 

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lunes, 29 de agosto de 2016

Capítulo 19


Ashley movió el jarrón transparente de rosas blancas un par de centímetros a la izquierda.
 
Ash: Ahí.
 
Aunque no veía la diferencia, Vanessa asintió con la cabeza.

Habían transformado la mesa larga de Pasar la página forrándola de lino blanco. Con el buen criterio de Ashley, una serie de jarrones cuadrados llenos de rosas blancas recién abiertas y unas velitas de té blancas en portavelas de plata decoraban lo que haría las veces de barra de postres y champán.

Claire se podía haber opuesto a una boda de blanco, pero su despedida de soltera iba a ser completamente blanca.
 
Ash: Los regalos aquí, la comida aquí, los postres y el champán aquí. -En jarras, Ashley describió un círculo en el Comedor-. Las sillas te han quedado divinas.
 
Ness: Me he sorprendido hasta yo.
 
Habían colocado una de las sillas de respaldo alto presidiendo la habitación. Coronándola había un enorme lazo de tul blanco cuyos extremos caían hasta el suelo. Los asientos, los brazos, las patas estaban tejidos de guirnaldas blancas y rosa pálido.
 
Ash: Siempre se me olvida lo mucho que me gusta organizar cosas para chicas hasta que tengo ocasión de preparar alguna.
 
Taconeando por la tarima con sus fantásticos zapatos rojos, Ashley se acercó a mover un poquitín las velas.
 
Ash: Voy a poner un poco de vino y algo de picoteo en el Salón para que la gente pueda moverse un poco o instalarse donde más le apetezca.
 
Ness: Ya sabes que muchas de las personas que vienen no han visto el hotel todavía. Te vas a pasar la noche enseñándolo.
 
Ash: Me lo imagino. Lástima que aún no haga buen tiempo para salir al Patio. De todas formas, esto ha quedado precioso y nosotras estamos… -dijo al tiempo que se volvía. Se colgó del brazo de Vanessa y se miraron las dos en el espejo enmarcado en oro- divinas.
 
Ness: Totalmente de acuerdo.
 
Ash: Bueno… ¿una copita de champán prefiesta?
 
Ness: No me lo digas dos veces.
 
Entraron en la cocina, donde Ashley sirvió dos copas. Brindó con Vanessa.
 
Ash: Por las damas de honor y las madrinas.
 
Ness: Que somos nosotras.
 
Ash: Y, dentro de ocho meses, haremos una fiesta por el bebé.
 
Ness: Cuatro hijos. Uau -dio un sorbo, luego alzó de nuevo la copa-. Que la fuerza los acompañe.
 
Ash: Ya lo hace. Los mueve el amor.
 
Ness: ¿Tú crees?
 
Ash: Sí -se subió a un taburete-. ¿Cuánto crees que van a poder guardar este secreto? Los dos están absolutamente radiantes.
 
Ness: Muchos pensarán que es por la boda, y en parte es así. Si consigue ocultarlo hasta después de la luna de miel, que es lo que pretende Claire, podrán respirar un poco.
 
Ash: Me cuesta creer que tú pudieras ocultármelo a mí un día entero.
 
Ness: Me moría por contártelo -con su vestido verde de primavera, subió también a un taburete estirándose la estrecha falda-. Habría venido a contártelo todo después del trabajo, pero lo de Zac fue rarísimo.
 
Ash: ¿Qué esperabas? -Como aún la divertía, Ashley se echó hacia atrás y rió-. En serio, entra en la parafarmacia justo cuando estás comprando un test de embarazo.
 
Ness: Una broma cruel del destino.
 
Ash: Pobrecillo. Imagina lo que se le pasaría por la cabeza.
 
Ness: Pues eso, que ni me lo imagino, y suelo entenderlo, pero se puso tan serio… No acabo de entender si estaba cabreado, asustado o qué.
 
Ash: Una mezcla de todo, supongo.
 
Ness: ¿Aun después de habérselo explicado? -Le seguía fastidiando, un poquito-. Los dos nos olvidamos del tema, pero, claro, no estoy segura. Cabreado y asustado porque igual estaba, o no, y no le había dicho nada.
 
Ash: Supongo que tuvo que digerir el «vale, es Claire, pero ¿y si no hubiera sido?», ¿no te pasó a ti?
 
Ness: Puede. Un poco. Pero porque tuve que pensar qué habría pasado de haber sido cierto lo que sospechaba, teniendo en cuenta cómo reaccionó. Ya sabes cómo es Zac. Todo lo planifica. Todo a su tiempo, en su sitio. Es de esos que siempre miran la fecha de caducidad de la leche antes de comprarla.
 
Ash: Yo también.
 
Ness: A lo mejor por eso lo entiendes. ¿Un embarazo no planeado? -puso los ojos en blanco-. Eso sacudiría los cimientos mismos de su plan de vida.
 
Ash: ¿Cuál es su plan de vida?
 
Ness: No sé, pero seguro que tiene uno.
 
Ash: Creo que te equivocas -rellenó las copas-. Lo digo porque él y yo tenemos muchos rasgos y manías en común. Sí, probablemente tenga un plan básico, que comprenda objetivos, logros, eventos, pasos, pero también es capaz de modificarlo. -Levantó una mano y señaló alrededor-. Yo lo he hecho.
 
Ness: Claro que es capaz. -Organizado y eficiente no implicaba inflexible, se dijo. Solo algo… rígido para su gusto-. Vale, ya que jugamos a los «y-si», si hubiera estado comprando ese kit para mí y el resultado hubiera sido positivo, se habría amoldado y modificado el plan desde ahí. El primer paso del nuevo plan habría sido el matrimonio.
 
Ash: ¿Eso te molesta?
 
Ness: No. No. Pero, para él sería lo correcto, lo que toca. No me gustaría casarme porque toca.
 
Ash: Mejor eso a que no toque -señaló-.
 
Ness: Ya sabes a lo que me refiero. Yo querría casarme porque quiero casarme, porque estoy lista, enamorada, entusiasmada con la idea de pasar mi vida con alguien.
 
Aprovechando que estaban allí, Ashley cogió un caramelo de azúcar de un cuenco de la isla.
 
Ash: Dirías que no.
 
Ness: No lo sé.
 
Ash: Yo sí. Dirías que no porque te sentirías obligada a demostrar algo y a dejarlo, ambas cosas en igual medida. -Cruzando las piernas en la otra dirección, Ashley estudió a Vanessa mientras daba otro sorbo al champán-. Puedo cuidar de mí misma y no estás obligado a casarte conmigo. Compartir la responsabilidad del niño, sí, ser parte esencial e integral de la vida del niño, sí, pero sin ninguna obligación contigo, individualmente.
 
Ness: Eso suena muy radical.
 
Ash: Sabes bien que no. Suena a ti: orgullo, prudencia, corazón, entremezclados con traumas infantiles.
 
Ness: ¿Se habrían casado ellos dos si ella no se hubiera quedado embarazada de mí? -Algo triste, le dio un trago al champán-. No lo creo.
 
Ash: De no haber sido así, no estarías aquí preguntándotelo. Tomaron una decisión; tú eres el resultado.
 
Vanessa levantó un hombro.
 
Ness: «La clase práctica de lógica de Ashley Tisdale.»
 
Ash: Suele funcionar. Mira, yo no estaría sentada aquí contigo si Jhon no hubiera tomado una elección, que provocó la mía. Lo he pensado mucho estos meses. Soy feliz aquí, más que cuando estaba con Jhon, cuando pensaba que mi vida seguía su curso conforme a un plan muy sólido, muy de clase práctica de lógica.
 
Vanessa meditó un instante.
 
Ness: Te entiendo, pero, Ashley, Jhon era un gilipollas.
 
Riendo, Ashley alzó su copa.
 
Ash: Sí, pero era mi gilipollas. -Se miró el reloj-. Deberíamos ir sacando el resto de la comida.
 
Apenas habían empezado cuando Claire llamó a la puerta del Vestíbulo.
 
Claire: Sé que llego algo pronto -dijo cuando Vanessa abrió-. He dejado a los críos en la casa nueva, que ya casi es una vivienda habitable. Alex y sus hermanos los van a poner a trabajar. Que Dios los asista a todos. ¡Uau! Madre mía, ¡qué flores!
 
Ness: Espera a ver el Comedor. Dame el abrigo primero. Hemos puesto un perchero en la Lavandería. ¿Cómo vas? Solo estamos Ashley y yo. No ha venido nadie más aún.
 
Claire. Bien. -Riendo un poco, se apartó el pelo dorado de los hombros-. Cuando he vomitado esta mañana, solo podía pensar en que voy a tener un bebé. Alex y yo vamos a tener un bebé. Así que estoy bien.
 
Ness: Se te nota. No me refiero al bebé -aclaró con una risita cuando Claire se llevó las manos a la tripa-. Ven a ver.
 
Cuando arrastró a Claire al Comedor, Ashley se apartó del bufet.
 
Ash: ¿Qué te parece?
 
Claire: Precioso. Ay, precioso de verdad. Las flores, las velas. ¡Me habéis decorado una silla! -pestañeó para poder contener las lágrimas que le llenaban los ojos-. Ya estoy lloriqueando otra vez. No sé si de felicidad o por las hormonas, igual las dos. Me he puesto tonta esta mañana cuando Alex ha fregado los platos del desayuno.
 
Ash: Una novia tiene derecho a ponerse tontorrona en su despedida -aseguró-.
 
Claore: Eso espero, porque me da la sensación de que… Muchísimas gracias por todo. Por todo esto. Por ser mis amigas.
 
Ness: Venga, sigue, que vamos a terminar llorando todas -le advirtió-. Voy a colgar esto.
 
Salió corriendo, colgó el abrigo de Claire al lado de su chaqueta. Cuando volvía, algo la hizo cruzar el Vestíbulo y bajar a los pies de las escaleras. ¿Había oído algo? Fue más una sensación, se dijo Vanessa. Se acercó despacio, alejándose de las voces de Claire y Ashley.
 
La puerta de Elizabeth y Darcy estaba abierta, claro que todas las habitaciones estaban abiertas porque Ashley quería que las invitadas pudieran verlas, disfrutarlas cuando ellas estuvieran ocupadas haciendo de anfitrionas.
 
En E y D, también el balcón estaba abierto. El aire fresco de marzo que soplaba suave en la estancia estaba perfumado de madreselva.

No oyó ni vio nada, sino que volvió a sentir algo. Y lo que sintió fue pena.
 
Ness: Entra, por favor -susurró-. Entra. Sé que estás triste. Debe de ser difícil, muy difícil de aceptar. Zac está buscando a Billy. Puedes estar segura que si alguien puede encontrarlo, averiguar qué paso, ese es Zac. Pero, mientras tanto, estás sola aquí. Sé lo que es, porque yo también me he sentido sola. -Dio un paso más hacia la puerta, esperó-. Pero estaba muy equivocada. Siempre tuve a alguien a quien le importaba, incluso cuando todo parecía tan difícil, tan triste. Tú también. A nosotros nos importas.
 
Titubeó, luego optó por ser impulsiva. Casi todo el tiempo, Lizzy parecía feliz, hasta juguetona. Romántica, se dijo Vanessa. Una joven de carácter alegre.
 
Ness: Tengo un secreto. Creo que te lo puedo contar porque apuesto a que sabes guardar un secreto. Sobre todo un buen secreto como este. Entra, por favor.
 
El balcón se cerró muy despacio.

Dando por seguro que estaba allí, Vanessa se sentó al borde de la cama.
 
Ness: Hoy vamos a celebrar una fiesta abajo. Una despedida de soltera para Claire. -No estaba segura de si las despedidas de soltera eran tradición en la época de Eliza-. Solemos hacerlo. Las mujeres, digo. Una fiesta para celebrar que nuestra amiga se casa. Hay comida, juegos y regalos. Es divertido. Solo algunas de las que vienen esta noche saben el secreto, pero sé que a Claire no le importará que te lo cuente. Tú quieres mucho a Alex, a Claire, a los niños. Van a ser una familia preciosa. Y, dentro de unos meses, serán más. Claire está embarazada. Alex y ella tendrán un bebé el próximo invierno.
 
El aroma aumentó, dulce e intenso como el verano, y caldeó el ambiente.
 
Ness: ¿No es genial? Tú los has visto enamorarse. Todo empezó aquí, en el hotel. Ahora se van a casar aquí, dentro de un par de semanas. Lo que tienen es tan sólido, auténtico, perfecto. Eso no abunda, ¿no te parece? ¿Lo sólido, auténtico, perfecto? Cuesta encontrar a una persona que encaje, te llene, te atrape. No sé cómo decirlo.
 
Bajó la mirada, notó que agarraba fuerte la llavecita que Zac le había regalado. Y, en el dorso de la mano, tenía lágrimas, sus propias lágrimas.
 
Ness: Lo de las hormonas de Claire debe de ser contagioso. No estoy triste. No.
 
Notó que algo le acariciaba el pelo y cerró los ojos admirada del consuelo que le proporcionaba aquella caricia.
 
Ness: No estoy triste -repitió-. Lo que pasa es que no soy tan fuerte ni resuelta como quisiera ser. ¿Cómo arriesga tanto la gente? Tú debes de haber arriesgado mucho por Billy. ¿Cómo se hace?
 
Mientras miraba, una especie de vaho cubrió el cristal de la puerta del balcón. Brilló en él el contorno de un bonito corazón.
 
Ness: Parece sencillo -susurró-. ¿Por qué no lo es? -Se oyeron voces y risas por las escaleras-. Empieza la fiesta. Tengo que bajar. -Se puso de pie, se acercó al espejito para asegurarse de que ya no tenía lágrimas en los ojos-. Deberías venir. Estás invitada oficialmente. No tienes que estar sola -añadió, y bajó con sus amigas, consciente de que hablaba tanto consigo misma como con Eliza-.
 
Se adentró en la fiesta. Sí, disfrutaba de las cosas de chicas cuando tenía tiempo. Vestidos bonitos, buena comida, conversaciones de bodas, hombres, moda y cotilleos.

Más vale que recordara que ella tenía un cotilleo muy jugoso, que solo conocía un puñado de las mujeres asistentes, y una fantasma.

Bebió y sirvió champán, comió minisándwiches y llevó platos a la cocina. Mientras Ashley anotaba con eficiencia los regalos que le hacían a Claire y quienes eran las que los habían traído, ella fue guardando los envoltorios. Amy diseñó un centro de mesa con las cintas y los lazos.

Tonterías y cosas de mujeres. Los aromas, los sonidos sobre el blanco nupcial y las velas titilantes. La novia y futura mamá bebiendo ginger ale en una copa de champán y riendo con los silbidos y vítores cuando abría un picardías negro casi transparente.
 
Rachel: Lo habéis hecho fenomenal, chicas. -En medio del bullicio de algún juego, Rachel le dio un apretón a Vanessa-. No podíais haberlo hecho mejor.
 
Ness: Hemos disfrutado cada segundo.
 
Rachel: Se nota. Claire tiene mucha suerte con sus amigas.
 
Ness: Yo pienso igual de mí misma.
 
Rachel: Eso también se nota. Me parece que no vendría mal otra botella de champán. ¿Me echas una mano?
 
Ness: Claro.
 
Rachel: En realidad, quería hablar contigo un momentito -le dijo mientras entraban en la cocina-.
 
Ness: Vale.
 
Rachel cogió la botella que Vanessa sacó del frigorífico y la dejó en la encimera.
 
Rachel: Soy muy buena madre.
 
Ness: No conozco una mejor.
 
Rachel: Ni la conocerás. -Le devolvió la sonrisa a Vanessa, luego su gesto se suavizó mientras le acariciaba el pelo-. Siempre te he visto como si fueras hija mía, aun antes de que Tracy se marchara.
 
Ness: Ay, Rachel…
 
Rachel: Siempre he supuesto que lo sabías, pero nunca te lo he dicho. Quizá debería haberlo hecho.
 
Conmovida, muy emocionada, Vanessa no pudo más que negar con la cabeza.
 
Ness: Siempre he sabido que podía contar contigo, que podía acudir a ti.
 
Rachel: Eso espero, y confío en que nunca lo olvides. Vanessa, eres una de las lucecitas más brillantes que conozco, para mí, la más brillante. Siento que estas últimas semanas esa luz haya estado apagándose y encendiéndose.
 
Ness: Intento impedirlo.
 
Rachel: No tienes que hacerlo. Sientes lo que sientes.
 
Zac le había dicho exactamente lo mismo, recordó Vanessa. Aquello la consoló, como una caricia en el pelo.
 
Rachel: Ahora me voy a arriesgar a decir algo que llevo muchos años queriendo decir. Tracy era, y aún es, una mujer frívola y egoísta que siempre quería más de lo que tenía y siempre culpaba a otros si no lo conseguía. Si lo conseguía, nunca estaba contenta, nunca le parecía bastante, y siempre era culpa de otros. Tú no te pareces en nada a ella. Te he visto crecer y sé quién eres, lo que eres.
 
Ness: ¿Crees que alguna vez me quiso?
 
Rachel: Sí. -Sin titubear, le apretó la mano a Vanessa-. Sí, te quiso, y creo que aún te quiere. Solo que no lo suficiente.
 
Nes: No lo suficiente podría ser peor que nada en absoluto -murmuró-.
 
Rachel: Puede, pero eso no depende de ti, cielo. No es cosa tuya, sino solo de Tracy. Quiero pensar que eso, en el fondo, lo sabes. A lo mejor aún no lo has descubierto. Entretanto, has elegido bien a tus amigas, y puedes contar con ellas. Aun así, a veces, una niña necesita una madre. Me tienes a mí.
 
Vanessa se echó a sus brazos, la abrazó fuerte.
 
Ness: Ya lo sabía. Siempre lo he sabido, pero me viene bien oírte decirlo. No quiero que te preocupes por mí.
 
Rachel: Gajes del oficio, aunque tú no me preocupas. -Le levantó la cara a Vanessa, sonrió-. Luz brillante. Tú siempre has sabido encontrar tu camino.
 
 
Tras la fiesta, tras la limpieza -y cuando Amy se encargó de las dos invitadas que iban a pasar la noche en el hotel-, Vanessa convenció a Ashley para que la acompañara a su piso para desconectar un rato.
 
Ness: Pies en alto -se dejó caer y puso los pies en la mesa de centro-. Enhorabuena, coanfitriona.
 
Ash: Lo mismo digo. Dios, estoy agotada.
 
Ness: La mitad es descarga de adrenalina. Un subidón.
 
Ash: Cierto, pero la fiesta ha sido la bomba.
 
Ness: Y la boda será otra. -Satisfecha consigo misma, Vanessa estiró los brazos, giró los hombros-. Ahora mismo nos preparo un té, luego podemos hablar de Jannet y de en qué estaría pensando cuando se ha puesto esos pantalones. Hacen que su culo parezca un enorme bistec.
 
Echando la cabeza hacia atrás, Ashley cerró los ojos y rió.
 
Ash: Dios, cierto. Leslie, en cambio, estaba preciosa, y emocionada con su boda. Lástima que reservaran el sitio antes de que el hotel estuviera terminado.
 
Ness: Eres masoquista.
 
Ash: Puede. Christi me ha cogido aparte. Ella y las otras chicas de la librería quieren hacerle una despedida a Leslie. Y ahora quieren hacerla en el hotel. Tengo que hablar con Rachel y pensar en una tarifa para un evento así.
 
Ness: Y yo que me creía adicta al trabajo. -Se levantó, se quitó los zapatos de camino a la cocina, luego se desvió al oír que llamaban a la puerta-. Por favor, que no haya problemas abajo, que no haya problemas abajo -murmuró-. Zac.
 
Zac: He visto la luz. He pensado que podríamos… Hola, Ashley.
 
Ash: Hola. Yo ya me iba.
 
Ness: No, no se iba. Estaba a punto de tomarse un merecido té. Amy se ha quedado a cargo del hotel durante un par de horas. ¿Te apetece un té? -le preguntó a él-. También tengo cerveza.
 
Zac: Tomaré una cerveza. También nosotros nos hemos pegado una buena paliza. Me la puedo llevar si vosotras…
 
Ness: Anda, siéntate. -Lo empujó hacia la silla-. Tanta cortesía me da dentera. Además, me duelen los pies.
 
Zac: Siempre es así de maja -pasó de largo la silla y se sentó en el sofá-. Anoche y esta mañana he tenido un poco de tiempo para investigar -le explicó a Ashley-.
 
Ash: En cuanto pase la boda, juro que le dedicaré más tiempo y te echaré una mano.
 
Zac: No pasa nada. Hoy no he podido ponerme más porque estamos muy liados con la casa de Alex.
 
Ness: ¿Cómo va? -gritó-.
 
Zac: Casi la tenemos. Mucha pintura, retoques, detalles.
 
Ash: Me suena familiar -dijo con una sonrisa-.
 
Zac: Estoy ajustando el planning…
 
Ness: Eso también me suena -intervino desde la cocina-.
 
Zac: Vamos a ir muy justos, pero la tendremos lista para las últimas inspecciones antes de la boda. He estado pensando que podíamos amueblarla durante la luna de miel. No podremos ponerlo todo donde lo quieren, los cuadros y todos los adornos, pero sí podríamos meterles los muebles, equiparles la cocina, esa clase de cosas…
 
Vanessa salió de la cocina con una bandeja en la que transportaba unas tazas de té y un botellín de cerveza. La dejó en la mesita, se inclinó y besó a Zac.
 
Ness: Así eres tú. Así eres tú de detallista.
 
Zac: Estaría bien que al volver pudieran instalarse sin más.
 
Ash: Es una gran idea. Ayudaré en todo lo que pueda -prometió-. Yo sé dónde tiene pensado Claire poner un montón de cosas. Lo hemos hablado.
 
Ness: Ashley tiene una memoria de elefante.
 
Ash: Pero mi culo no es como un tomate enorme.
 
Zac arqueó las cejas al ver que Vanessa soltaba una carcajada y después sorbía un poco de té.
 
Ness: Cosas de chicas -le dijo-.
 
Zac: Vale. Bueno, ya lo planificaremos. ¿Qué tal os ha ido hoy?
 
Ash: Ha sido perfecto -subió las piernas, se hizo un ovillo-. Hemos tenido una invitada inesperada. He percibido su aroma a ratos durante la fiesta, y estoy segura de que se ha servido champán, si eso es posible. He encontrado una copa en E y D, después de haberlo comprobado todo y cuando ya se habían marchado todas.
 
Ness: La he invitado yo -sorbió su té-. Subí antes de la fiesta y, no sé, tuve la impresión de que estaba deprimida. Triste. Le conté lo del bebé y lo de la fiesta. Me pareció que se alegraba.
 
Zac: Así eres tú -susurró-. Así de detallista. Quizá tenga algo más de ella. He investigado a su familia. Tenía dos hermanos mayores y una hermana más pequeña. Uno de los hermanos murió en la guerra. Otro volvió a casa, se casó, tuvo cuatro hijos, así que hay más pistas que seguir si las necesitamos. La hermana se casó un par de años tras la guerra. Cinco hijos, aunque uno murió siendo un bebé. Por lo que he averiguado, la hermana vivió hasta los noventa y tantos. Se mudaron a Filadelfia un par de años después de casarse. Quizá podrías investigar tú eso, Ashley, dado que tu familia es de ahí.
 
Ash: Podría.
 
Zac: ¿Sabes algo del colegio Liberty House?
 
Con el rostro inundado de sorpresa, Ashley alzó la vista del té.
 
Ash: Lo cierto es que sí. ¿Por qué?
 
Zac: Aún no he ahondado mucho, pero terminé haciendo una búsqueda tangencial, ya sabes cómo son estas cosas, y me topé con el colegio Liberty House para chicas, fundado en 1878. La hermana fue una de las fundadoras, y una gran impulsora de la educación femenina cuando la mujer no importaba mucho. Ahora es un centro mixto, pero sigue siendo una respetada escuela privada.
 
Ash: Lo es. Yo estudié allí.
 
Zac: ¿En serio? -Asombrado, Zac se inclinó hacia delante, con los antebrazos apoyados en los muslos-. Qué pequeño es el mundo.
 
Ash: Sí. -Ceñuda, dejó el té en la mesa-. ¿Cómo se llamaba la hermana?
 
Zac: Eh… Catherine.
 
Ash: ¿Nombre de casada?
 
Zac: Darby. Catherine Darby. He leído que la biblioteca lleva su nombre.
 
Ash: Así es, y el mundo es espeluznantemente pequeño. Esa tal Catherine Darby que ayudó a fundar el centro en 1878 es mi tatarabuela.
 
Ness: Madre de Dios .exclamó.. ¡Madre de Dios y del amor hermoso! Ashley, si todo esto es correcto, estás emparentada con Lizzy. Eres su tatarasobrina nieta.
 
Zac: ¿Estás segura de eso, Ashley?
 
Ashley se limitó a mirar a Zac.
 
Ash: Fui al Liberty House desde el jardín de infancia hasta secundaria. Igual que hicieron mi madre y mi tío, y mi abuela materna, mi hermano, mi hermana. Tradición familiar. Y antes de que me preguntéis, no sé mucho de la historia de la familia, menos aún de hace tantísimo tiempo. Imaginaba a Catherine Darby como la señora mayor, mayor para una niña, del cuadro de la biblioteca de la escuela. Nunca he oído decir que tuviera una hermana que hubiese muerto. Ni siquiera sabía su nombre de soltera.
 
Zac: ¿Crees que alguien de tu familia sabría más, esa clase de detalles personales que no salen en las búsquedas?
 
Ash: Lo cierto es que no lo sé, pero puedo investigarlo. Todo esto es… muy raro. -Tanto que se notó un cosquilleo en la garganta-. Necesito tiempo para digerirlo. Aún no puedo pensar con claridad sobre este tema. Me voy a marchar.
 
Ness: ¿Quieres que vaya contigo? ¿Que me quede a dormir allí esta noche?
 
Ash: No, no, no tengo miedo. Ni estoy disgustada. Solo necesito procesarlo.
 
Zac: ¿Quieres que te acompañe?
 
Ash: Dejadlo -insistió riendo antes de que Zac se pusiera de pie-. Creo que puedo cruzar yo sola la Plaza. Solo necesito aclarar mis ideas, luego pensar. Todo esto es rarísimo.
 
Vanessa se levantó como un resorte y acompañó a Ashley a la puerta.
 
Ness: Llámame si no consigues relajarte. Promételo.
 
Ash: Bien. Tengo que digerirlo. -Se dio unos golpecitos en la sien-. Ya sabes cómo funciono.
 
Ness: Sí, de lo contrario no te dejaría marchar sin mí. Pero, Ashley…
 
Ash: ¿Ajá?
 
Ness: Uau.
 
Ash: Sí, desde luego.
 
Cuando Ashley salió, Vanessa volvió con Zac, y lo dijo.
 
Ness: Uau.
 
Zac: La hermana -susurró-. No sé por qué seguí esa línea de investigación. Solo quería información. Ya sabes, cuanto más sepas… Pero no veía de qué podía servir para encontrar al Billy que busca Lizzy. Y ahora… sé que a veces se dan coincidencias, ¿pero esto? Esto es una pasada.
 
Ness: ¿Y qué es… el destino?
 
Zac: ¿Qué si no? -se levantó, inquieto-. Tú naces y te crías en Boonsboro, Ashley en Filadelfia. Acabáis siendo compañeras de cuarto en la universidad, y amigas. Buenas amigas. Tanto que ella viene a verte, se hace muy amiga de Claire. La misma con la que mi hermano está a punto de casarse. Mi madre se enamora del viejo hotel, consigue comprarlo, lo rehabilitamos con sangre, sudor y lágrimas. La persona a la que íbamos a contratar de gerente se queda embarazada, tiene que retirarse y Claire y tú proponéis a Ashley.
 
Ness: Que se propone cambiar de aires porque el gilipollas de su novio y su familia le hacen la vida imposible.
 
Za: Ella es perfecta para el trabajo -prosigue-. Directora de hotel, conoce los entresijos del oficio, y algunas cosas en las que no habíamos pensado antes. Más que preparada, nunca se le habría ocurrido buscar trabajo aquí. Mi madre la contrata al instante; sin hablar apenas con ella, zas, contratada. Ashley acepta igual: zas.
 
Ness: Viéndolo todo así…
 
Za: Así es como ha sido -dejó de pasearse para mirarla-. Un giro, otro, una decisión, otra, todo ello para acabar en el mismo lugar. El hotel, Lizzy, Ashley, y quizá, si la cosa sigue así, hasta el tal Billy.
 
Ness: ¿Tú crees que lo sabe… Eliza, digo?
 
Zac: No sé. Si lo supiera, lo lógico habría sido que se hubiera esforzado un poco más por conectar con Ashley. Si lo piensas bien, ha sido más con nosotros, con Alex, conmigo, con David, aunque David no hable mucho de ello. Con mi madre. Incluso contigo.
 
Ness: Y con Mark. Él fue el primero que la vio, que sepamos.
 
Zac: Los críos -dijo mientras se encogía de hombros- aún no saben no creer en lo imposible. Anda…
 
Ness: ¿Anda, qué?
 
La miró y una sonrisa le iluminó el rostro.
 
Zac: Es fantástico. Y… un segundo. Estaba distraído. Acabo de darme cuenta.
 
Ness: ¿Darte cuenta de qué?
 
Zac: De tu pelo. Ha vuelto a su ser. -Se acercó a ella, le pasó los dedos por los mechones negro azabache-. Vuelve a ser el pelo de Vanessa.
 
Ness: He decidido intentar ser yo una temporada, a ver qué tal.
 
Zac: Como más me gustas.
 
Ness: ¿En serio? -Fascinada, se lo quedó mirando-. ¿Por qué no decías nada?
 
Zac: Es tu pelo, pero este es el de verdad. -Inclinándose, lo olió-. Y huele a eso, tiene su tacto, y ahora también su aspecto. Tu pelo me vuelve loco.
 
Ness: Venga ya.
 
Zac: Siempre ha sido así. Nunca he hecho el amor contigo con tu pelo de verdad.
 
Ella rió, luego rió más cuando él la cogió en brazos. Complaciente, le enroscó las piernas en la cintura.
 
Zac: Creo que debería -prosiguió-, solo por ver. Por poder comparar.
 
Ness: Te encanta investigar, ¿eh?
 
Zac: Y unas cosas más que otras -coincidió mientras la llevaba al dormitorio-.




Qué empalagosa esta parejita XD

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viernes, 26 de agosto de 2016

Capítulo 18


Vanessa decidió quedarse una hora más en la cama de Zac. Él se había levantado, vestido e ido hacia las siete menos cuarto a una reunión que tenía a las siete en la obra.

Esta vez, para trabajar en su local, se dijo mientras se acurrucaba en la cama para remolonear. Había pensado ir con él, solo por ver la siguiente fase, pero no le apetecía que le dijeran que estorbaba, que les impedía trabajar. Se pasaría a media mañana, cuando hubiera hecho su compra de suministros y terminado su lista de recados. Para entonces, la demolición andaría ya en marcha.

Más divertido, se dijo perezosa, que la sorprendiera cómo había avanzado todo.

Muchos progresos en múltiples áreas, musitó. Su mejor amiga se habría casado en menos de un mes, y ella lo vería. Vería a dos amigos hacerse promesas el uno al otro, formar una familia, celebrar una especie de milagro.

El amor le parecía una especie de milagro, un milagro de cuya existencia nunca había estado muy segura. Pero con Claire y Alex lo había visto con sus propios ojos, los había visto juntos, descubrir ese milagro, y tener fe y valor para confiar en él.

Uno de sus quehaceres de esa mañana era ir a buscar las últimas cosas para la despedida de soltera de la lista precisa y detallada que Ashley le había imprimido.

Le encantaba saber que Claire y Alex se tomarían una semana para ellos después de la boda y se irían de luna de miel a la isla antillana de San Cristóbal.

Algún día, pensó Vanessa, ella se tomaría unas vacaciones en un paraíso tropical.

Algún día tendría que tomarse unas puñeteras vacaciones, se dijo, y abrió un ojo para contemplar el oscuro cielo por la ventana del dormitorio.

Lo haría. Cuando su nuevo restaurante estuviera en marcha y fuera como la seda, se recompensaría con unos días de sol, playas blancas y aguas azules.

A algún sitio al que no hubiera ido nunca, donde nadie la conociera.

Quizá Zac fuera con ella. ¿No sería divertido ver cómo se enfrentaban juntos al ocio, siendo forasteros en tierras forasteras?

Le encantaba también pensar que, en verano, cuando hubieran acabado las clases, los recién casados tuvieran pensado irse de vacaciones una semana con los tres niños. Una luna de miel en familia, como la había llamado Mark.

¿Qué podía haber mejor que una luna de miel en familia?

Entretanto, Zac y Ashley ahondaban en el misterio de Eliza Ford, cuando uno o el otro encontraban un rato. ¿Eran Lizzy y Billy una especie de milagro?, se preguntaba. ¿Los habría unido el amor antes de que los separara la tragedia? ¿O sería la respuesta menos romántica -y probablemente más realista-, como había sugerido Zac?

Una joven que soñaba con amor y un joven que iba a lo suyo.

Ella había soñado con amor una vez. Pero era una niña, y para un niño, la magia y los milagros siempre son posibles, y el felices para siempre es fácil y real.

Con el tiempo, había aprendido que era preferible creer solo en los milagros y los felices para siempre que ella pudiera conseguir por su cuenta, con mucho trabajo, determinación y dedicación.

Le daba muchas satisfacciones, se dijo. Con que más le valía empezar el milagro del día y salir de la cama de una vez.

Se sentó abrazada a las rodillas y sonrió al ver el fuego que Zac le había dejado encendido. Qué cielo, pensó. Había avivado el fuego y echado un leño para que despertara a su calorcito y su luz en una mañana oscura de marzo.

Era afortunada de tenerlo en su vida, eso siempre lo había sabido. Pero, además, ahora era afortunada de disfrutar de esa nueva y fascinante conexión con él, más aún de que a él le pareciera bien ir avanzando poco a poco. Sin presiones ni charlas espeluznantes sobre el futuro.

Estaba saliendo de la cama cuando le llegó un mensaje al móvil.

Volvió a meterse con la esperanza de que fuera Zac sugiriéndole que se acercara a echarle un vistazo a la demolición, después de todo.

Pero era Claire, que le pedía que se pasara por la librería antes de ir a Hagerstown a por suministros.

Algo perpleja, respondió, cambió de planes para incluir una parada en la tienda y, por qué no, ya que estaba ahí, echar un vistacito a la demolición.

Se dio una ducha, se calzó unos vaqueros y se puso un suéter sobre una camiseta de manga corta para protegerse del inestable tiempo de marzo. Con los labios fruncidos, se miró el pelo. El último tinte se le había ido ya bastante, así que tomó nota mental de consultar las gamas de colores para ver cuál le apetecía llevar ahora.

Al bajar, descubrió que Zac había hecho café y le había dejado una taza termo junto a la cafetera. Otra razón para sonreír, pensó. Siempre se podía contar con Zac. No se le ocurría otro hombre, aparte de su padre, que fuera siempre tan formal.

Llevada por un impulso, se acercó a la pizarra de la cocina y dibujó un corazón con las iniciales de los dos en el centro.

Avivada por el café y un yogur rápido, se calzó las botas, se enrolló una bufanda al cuello y se puso el abrigo; entonces vio la nota que había junto a la puerta.

«Llévate esto», rezaba.

Vanessa puso los ojos en blanco y cogió el paraguas plegable.

Ella lo cogía, pero Zac tendría suerte si no se lo dejaba en algún sitio de su recorrido matinal.

A medio camino hacia Boonsboro, salpicaron el parabrisas las primeras gotas. No pudo más que alzar la vista al cielo y pensar en lo fastidioso que era que Zac siempre tuviera razón.

A los pocos minutos, repasando sus planes matinales, olvidó el paraguas y tuvo que echarse una carrera en pleno chaparrón hasta el porche cubierto de la librería.

Tocó en el cristal, luego usó la llave que Claire le había dado después del lío de Sam Freemont del otoño anterior. Acababa de entrar, sacudiéndose la lluvia del pelo, cuando vio a Claire bajar las escaleras.
 
Claire: El café está recién hecho -anunció-.
 
Ness: Acabo de tomar, pero… ¿quién puede negarse a un latte?
 
Claire. Ahora te pongo uno. Gracias por pasarte.
 
Ness: Sin problema. Era la excusa que me faltaba para echarle un ojo al local nuevo. Empiezan la demolición esta mañana.
 
Claire: Lo sé. Qué emoción.

Calentó leche mientras Vanessa ojeaba los superventas del expositor principal.
 
Ness: Necesito una tarde libre, una tarde lluviosa como lo será esta probablemente, para poder ponerme al día con mis lecturas. No he podido terminarme el libro propuesto esta vez por el club de lectura. ¿Quién quiere leer sobre las desgracias de otra persona? ¿Se supone que me va a hacer valorar más la vida que tengo? ¿Me va a subir el ánimo? ¿O me va a deprimir? Porque me estaba deprimiendo.
 
Claire: A mí tampoco me gustó nada. Se me atragantó igual que las coles de Bruselas que mi madre insistía en que eran tan buenas para mí. Era un «libro coles de Bruselas», y no tengo tan claro que me fuera a sentar bien.
 
Ness: Exacto. -Distraída, cogió una novela de suspense, la hojeó rápido-. Además, si me siento a leer, quiero crème brûlée, o un buen entrecot, quizá una pizza con pepperoni, puede que un helado con chocolate caliente. Qué hambre me ha entrado. -Se volvió sonriendo mientras cogía el café-. Gracias. Oye, te veo un poco hecha polvo.
 
Claire: Estoy un poco desinflada, un poco baja esta mañana.
 
Ness: No cojas nada ahora -la amenazó con el dedo-. No queda ni un mes para la boda. No se te permite pillar nada. Toma. Me parece que tú lo necesitas más.
 
Claire rechazó con una negativa de cabeza el latte que le ofrecía.
 
Claire: No he pillado nada de lo que tú crees, y no puedo tomar café por un tiempo. No estoy enferma -inspiró hondo-. Estoy embarazada.
 
Ness: ¿Qué? ¿Ahora? ¿Embarazada de… bebé a bordo?
 
Claire: Sí, ahora. Embarazada de…

Riendo, se llevó ambas manos al vientre. Y Vanessa se preguntó cómo podía pasar tan rápido de pálida a resplandeciente.
 
Ness: Ay, Claire. Estás embarazada y eres feliz. -Dejó el café, rodeó el mostrador y abrazó a Claire-. Cómo me alegro por ti. ¿Cuándo lo has sabido? ¿De cuánto estás? ¿Qué ha dicho Alex?
 
Claire: No creo que se pueda ser más feliz. Esta mañana, aunque lo sospechaba ayer. De unas dos semanas. Y aún no le he dicho nada a Alex.
 
Ness: ¿Por qué?
 
Claire: Necesito que me hagas un favor primero. Vas a Hagerstown, ¿verdad?
 
Ness: Sí, luego voy para allá.
 
Claire: ¿Podrías traerme un test de embarazo?
 
Ness: ¿Aún no te lo has hecho? Me has dicho que lo habías sabido esta mañana.
 
Claire: Náuseas matinales, por segundo día consecutivo. Conozco bien los síntomas, este será ya el cuarto. Tengo mareos y estoy cansada, y vomito por las mañanas, y me noto el cuerpo… Es difícil de explicar. -Volvió a tocarse el vientre, después los pechos-. Me noto embarazada. Pero quiero confirmarlo antes de decírselo a Alex, por si acaso me equivoco. No quiero ir a la parafarmacia de aquí ni a la de Sharpsburg a comprármelo.
 
Ness: Se correría la voz.
 
Claire: Eso, y como tú vas a ir a Hagerstown de todas formas, me lo podrías comprar de forma anónima.
 
Ness: Encantada. ¡Uau! Boda, luna de miel en familia y bebé. A Alex le hará ilusión, ¿no?
 
Claire: Mucha. -Se cogió un ginger ale de la nevera de debajo del mostrador-. Queríamos tenerlo, aunque íbamos a esperar unos meses. No lo buscábamos, pero, claro, tampoco lo estábamos evitando. Si no lo he calculado mal, seremos seis en enero, para el primer aniversario del hotel.
 
Ness: ¿Puedo decírselo a Ashley? La veré luego, pero puedo jurar silencio si quieres.
 
Claire: Te contesto cuando me haya hecho el test. Se lo puedes contar en cuanto yo se lo diga a Alex.
 
Ness: Voto de silencio hasta entonces. Qué buena noticia. Buena y feliz -añadió dándole otro abrazo enorme a Claire-. No voy a pasarme a ver la demolición antes de irme. No quiero arriesgarme. Mejor no hablo con nadie. Vengo en un par de horas. ¡Chico!
 
Claire: Mejor, chica -Rió-. Sé que es una bobada, pero, Dios, me encantaría que fuera niña esta vez.
 
Ness: Pienso en rosa. -Le dio un último abrazo a Claire-. Vuelvo en cuanto pueda.
 
Claire: Gracias. Espera, que te dejo un paraguas; llueve a cántaros.
 
Ness: Da igual. Llevo en el coche.

Salió corriendo y, cuando se sentó al volante, iba empapada.

Pero fue sonriendo todo el camino.
 
 
Zac dejó a la cuadrilla con la demolición, luego pasó rápidamente por la obra de la panadería. Como iban bien de tiempo, David estaba en una de las obras y Alex en la otra, él podía acercarse a Hagerstown a por materiales y, de paso, hacer algunos recados personales y los que sus hermanos habían añadido a su lista.

No le importaba parar en un montón de sitios: más materiales eran más progreso. Tampoco le importaba conducir bajo la lluvia. Podía haber sido la nieve que azotaba ahora a la parte norte del condado y hasta Pensilvania.

Ya estaba harto de la nieve, harto del invierno, así que la lluvia le parecía bien.

Confiaba en que Vanessa no hubiera pasado del paraguas, porque también ella iba a hacer lo que él: múltiples paradas, múltiples aparcamientos y carreras a las tiendas, tachando tareas pendientes.

Lástima que no hubieran podido ir juntos, pero sus paradas no coincidían tanto como para que resultara práctico. Si los hombres del tiempo estaban en lo cierto, iba a llover todo el día y toda la noche. Recordó que Vanessa trabajaba esa noche, y hacía el cierre. Podía pasarse por Vesta a cenar después del trabajo y emplear el piso de ella para rematar el papeleo mientras Vanessa estaba abajo.

Y quedarse a dormir en su casa.

Tenía que recordarse que no debía dar por sentadas ciertas cosas, pero, vaya, había llegado a un punto en que quería darlas por sentadas. Y que ella hiciera lo mismo.

¿Por qué no iban a hacerlo? ¿Por qué no? Pero no podía eludir la certeza de que ella había echado el freno en aquella fase concreta y no estaba dispuesta a dar otro paso.

Claro que también debía reconocer que la fase en la que se habían estancado era bastante cómoda.

Se pasó por la ferretería, hizo un pedido en la serrería, recogió la pintura y después las muestras de moqueta para los pisos de encima de la panadería.

Fue recorriendo la lista, siguiendo un circuito, y se detuvo por último en la parafarmacia. Cogió primero sus cosas, luego añadió la crema de afeitar de David, los analgésicos de Alex y en el pasillo de la papelería pilló también un par de barajas, para completar las de mujeres desnudas que ya había comprado para la timba de póquer de la despedida de soltero de Alex.

Iba a enfilar el siguiente pasillo cuando vio a Vanessa.

Le dio un vuelco el corazón al verla así, inesperadamente, y negó con la cabeza cuando le vio el pelo empapado.

Al final, no había usado el paraguas.

Pensó en acercarse a ella por la espalda, atraparla. Imaginó su reacción: el susto, el chillido, la sorpresa, luego la risa.

Iba muy seria, pensó divertido, tratando de decidirse por… un test de embarazo.

Cielo santo.

Fue el último pensamiento claro que tuvo al verla coger uno de la estantería, estudiarlo con detenimiento, por delante y por detrás, y echarlo a la cesta.

Zac se quedó donde estaba, clavado al suelo, mientras ella se alejaba despacio por el pasillo y doblaba la siguiente esquina.

¿Un test de embarazo? Pero si ella tomaba… él usaba… ¿Cómo podía…?

¿Vanessa embarazada? ¿Cómo se había quedado embarazada? Bueno, sabía cómo, pero no le había dicho nada. No le había insinuado siquiera que lo sospechara.

Simplemente había cogido el kit de estoy-o-no-estoy y lo había echado a la cesta junto con el gel, el champú y el enjuague bucal.

¿Un artículo más de la lista?

Quería ir tras ella y preguntarle de qué iba.

No era el momento ni el lugar, se dijo. Ni estaba de ánimo, porque no sabía bien de qué ánimo estaba exactamente.

Miró fijamente lo que llevaba en su cesta, sin saber qué hacer, sin poder pensar. Aturdido, con las rodillas algo temblonas, dejó la cesta y se fue sin comprar nada.
 
 

Volvió a la obra nueva, se centró en la demolición. No había nada como tirar paredes para aliviar la tensión. Sacó pedazos enormes de yeso, montones de marcos astillados, reventó él solo un viejo mostrador.

Y siguió nervioso, frustrado y tenso como una cuerda a punto de partirse.

Vanessa. Embarazada.

¿Cuánto se tardaba en hacerse un test de esos? ¿Qué fiabilidad tenían?

Ojalá hubiera tenido tiempo de buscar las respuestas, hubiera podido disponer por lo menos de esa base sólida.

Para empezar, si había comprado el test de embarazo tenía motivos para creer que podría estar embarazada. Las mujeres no se compraban esas cosas por capricho.

¿O sí? ¿Por qué iban a hacerlo?

Uno se compraba tiritas por si acaso, pero nadie compraba un test de embarazo salvo que sospechara que podía haber un embarazo.

Entonces, si tenía motivos para pensar que podía estar embarazada, ¿por qué no se lo había mencionado? Bastaba con decir: Zac, puede que esté embarazada, así que me voy a comprar un test de embarazo para saber si lo estoy.

Debía de estar agobiada. Aunque no se lo había parecido.

Parecía tranquila, recordó. Hasta había sonreído un poco cuando lo había echado a la cesta.

¿Querría quedarse embarazada?

Igual sí, eso debía ser. Había decidido no decir nada hasta estar segura. Supuso que habría decidido que, si era que no, no le diría nada. Y eso no estaba bien, no, eso no le parecía nada bien.

Si el test daba positivo, imaginó que se lo diría cuando le pareciera oportuno. Como no le había mentado la posibilidad, lo tenía en la inopia -salvo por su «encuentro» en la parafarmacia-, y de ese modo podía elegir si se lo contaba y cuándo. No le gustaba, no le gustaba ni una pizca.

Teniendo en cuenta lo que le había hecho su madre, ¿no debía ella, precisamente, saber que el padre (cielos, a lo mejor iba a ser padre) tenía todo el derecho a saberlo? Eso era cosa de dos, no solo de ella. No eran compañeros de cama esporádicos, ni uno de esos polvos de una o dos noches.

Ellos eran…

Pensándolo bien, no estaba seguro del todo, pero la suya no era solo una relación de sexo esporádico sin compromiso.

Fueran lo que fueran, la confianza y la sinceridad debían ser fundamentales.

No había confiado en él lo bastante como para comentarle la visita de su madre hasta que él la había puesto contra la pared, recordó. Se había escondido, aislado, huido.

Si pensaba que podía ocultarle una cosa así, iba a tener que cambiar, y mucho.
 
Zac: ¡Hay que joderse!

Tiró al contenedor el contrachapado roto.
 
Alex: Vale, aún no has resuelto lo que sea, así que suéltalo -apareció detrás de él.
 
Zac: ¿Quieres que lo escupa? -Presa de una ira rara en él, le dio una patada al contenedor-. Pues lo escupo. Vanessa está embarazada.
 
Alex: ¡Madre mía! -miró alrededor y, al ver venir a uno de la cuadrilla, le hizo una seña para que se fuera, luego cogió a Zac del brazo y, tirando de él, lo llevó debajo del voladizo para que la lluvia no lo empapara-. ¿Cuándo lo has sabido?
 
Zac: Hoy. Esta mañana. ¿Sabes cómo?, porque ella no me ha dicho ni una palabra. Lo he sabido porque, al entrar en la mierda de la parafarmacia, me la he encontrado allí, cogiendo uno de esos test de embarazo.
 
Alex: Joder, Zac. ¿Y ha dado positivo?
 
Zac: Yo qué sé. -Cada vez más furioso, iba sin parar de un lado a otro del muro de hormigón-. No me cuenta nada. En vez de hablar conmigo, se compra a escondidas uno de esos palitos del pis. Estoy harto.
 
Alex: Vale, tranquilízate un poco. -Para frenar el incesante pasear de su hermano, Alex se le puso delante y levantó las dos manos-. No sabes si está embarazada.
 
Zac: A juzgar por cómo hace las cosas, apuesto a que seré el último en enterarse. -Junto con aquella rabia repentina, sintió un súbito escalofrío de dolor-. Estoy harto.
 
Alex: ¿Qué te ha dicho cuando se lo has preguntado?
 
Zac: Nada. No se lo he preguntado.
 
Tras contemplar un instante el rostro furioso de Zac, Alex se frotó el suyo con las manos.
 
Alex: ¿No le has preguntado para qué compraba el test?
 
Zac: No. Me he quedado bloqueado, ¿vale? Joder. Lo ha echado a la cesta como si fuera una golosina, con una sonrisita, y me ha dejado de una pieza. ¿Qué demonios habrías hecho tú?
 
Alex: Lo nuestro es distinto -observó cómo caía la lluvia, lenta y constante, desde debajo del saledizo del tejado-. Nosotros hemos hablado de tener un bebé. Queremos tener otro hijo. Supongo que vosotros aún no habéis hablado de qué haríais en el supuesto de que suceda.
 
Zac: No. Nunca me había planteado ese supuesto. Debería habérmelo dicho, Alex, y ya está. Tendría que haberme dicho que quería hacerse el test. ¿Por qué cree que tiene que hacerlo todo ella sola? Yo no funciono así, ni quiero vivir así.
 
Alex: No, tú no serías capaz. -Zac, nunca, se dijo Alex. Su hermano había nacido para trabajar en equipo, creía de verdad en que la unión hace la fuerza y que hay que repartir la carga. Para Zac, los secretos solo valían en Navidades y en los cumpleaños, no en la vida cotidiana-. Tienes que hablar con ella, pero ahora no es el momento. Vanessa está en plena hora punta de comidas. Y tú necesitas serenarte un poco.
 
Zac: No creo que consiga serenarme. Cuanto más lo pienso, más me cabreo.
 
Alex: Pues piensa en esto: si está embarazada, ¿qué quieres hacer?
 
Zac: Si está embarazada, tendremos que casarnos.
 
Alex: No hablo de lo que «tendrías» que hacer, sino de lo que quieres hacer.
 
Zac: Yo… -Hizo una pausa para cambiar de chip-. Si vamos a tener un bebé, querría casarme.
 
Alex: Vale, pues piénsatelo una hora. Tú siempre encuentras una solución, Zac. Para entonces, la pizzería se habrá despejado un poco. Entonces te acercas y le dices que necesitas hablar con ella en privado. Y, por Dios, antes de cabrearte más de lo que estás, entérate de si vas a ser padre o no. Luego te ocupas del asunto.
 
Zac: Tienes razón. Madre mía, me siento un poco…
 
Alex: ¿Mareado?
 
Zac: No exactamente. Descolocado. Nunca me lo había planteado. Está fuera de…
 
Alex: El orden de sucesos de Zac. Amóldate -propuso dándole un leve puñetazo en el hombro-.
 
Zac: Amoldarme. Sí, puedo amoldarme. -Se le enturbió el semblante, le brillaron los ojos-. Pero no soy yo el que lo va a hacer.
 
Esperó una hora, decidió que se había calmado y que estaba ya más sereno. Se acercó a Vesta bajo la lluvia incesante y entró al calor de la pizzería, al aroma a salsa y especias.

Tras la caja registradora, Vanessa cobraba a un cliente, y le dedicó un guiño pícaro a Zac.

Un guiño, pensó, volviendo a calentarse. No era el momento de guiños tiernos.
 
Ness: Justo a tiempo. La cosa empieza a relajarse. Iba a acercarme un momentito a ver lo que habéis demolido ya.
 
Zac: Tengo que hablar contigo.
 
Ness: Claro, siéntate. Voy a decirle a Donna que se ocupe. ¿Quieres una porción?
 
Zac: No. Y quiero hablar contigo arriba. En privado.
 
Nes: Ay, mierda, ¿pasa algo con el local nuevo?
 
Zac: No tiene nada que ver con eso.
 
Ness: Entonces, ¿qué…?
 
Zac: Vanessa -replicó con sequedad. Ella frunció el ceño-. Arriba, ya. En privado.
 
Ness: Vale, vale. Pero me estás poniendo de mala leche. -Se asomó a la puerta que separaba las cocinas-. ¿Donna? Voy a salir. -Se quitó el delantal mientras hablaba y lo colgó de un clavo-. Necesito ver el nuevo local -empezó-.
 
Zac: Puedes ir luego si eso es lo que quieres.
 
Ness: ¿Por qué estás cabreado? -le preguntó cuando salían por la puerta lateral-. No he hecho nada.
 
Zac: A lo mejor ese es el problema.
 
Ness: Me estás poniendo de muy mala leche -repitió y abrió de golpe la puerta de su piso-. A ver, ¿qué demonios pasa?
 
Su plan bien estudiado de abordarla racionalmente se fue al garete.
 
Zac: ¿Por qué coño no me has dicho que estás embarazada?
 
Ness: ¿Qué?
 
Zac: No me vengas con tonterías, Vanessa. Te he visto en la parafarmacia. Te he visto comprar el test de embarazo.
 
Ness: Me… -Apretó los puños y puso los brazos en jarras-. Me estabas espiando.
 
Zac: No seas boba. Estaba haciendo unos recados y he tenido que ir a la parafarmacia. Y allí estabas tú, cogiendo uno de esos tests y echándolo a tu cesta. ¿Qué coño te pasa para que no me lo cuentes? ¿No confías en mí ni respetas lo que tenemos lo bastante para decirme que estás embarazada?
 
Ness: Lo que pasa es que no estoy embarazada.
 
Zac: ¿No?
 
Ness: No estoy embarazada, imbécil.
 
Sintió algo raro en su interior, pero no fue capaz de identificar la sensación.
 
Zac: El test ha dado negativo.
 
Ness: No, el test ha dado positivo.

Sacó malhumorada el móvil.

El corazón le dio varios botes y se le subió a la garganta.
 
Zac: Si ha dado positivo, es que estás embarazada. ¿Quién es el imbécil?
 
Ness: Tú -le dio la vuelta al teléfono y le enseñó la foto de la varita del test, y el POSITIVO-. Porque este es el test de embarazo de Claire. El que le he comprado esta mañana cuando me lo ha pedido.
 
Zac: He visto a Alex hace diez minutos. Claire no está embarazada, porque me lo habría dicho.
 
Ness: No se lo ha dicho aún. Quiere decírselo a solas, que sea un momento especial, algo que tú entenderías si no fueras imbécil. Me ha pedido que no se lo diga a nadie, y acabo de romper mi promesa. Y eso me cabrea.
 
Zac: No le voy a decir nada, por Dios. No se lo voy a estropear. -Tembloroso, inseguro, algo mareado, se pasó ambas manos por el pelo, tan mojado que casi podía hacerse una cresta-. Joder, ¿qué se supone que debía creer si te veo comprando eso?
 
Ness: No sé, Zac. Igual la solución habría sido que te acercaras a mí y me dijeras «hola, Vanessa, me encanta verte por aquí, ¿qué haces comprando un test de embarazo?».
 
Zac: Tengo que sentarme. -Lo hizo-. Te voy a recordar que aún me debes una. -Respiró un segundo-. Me he bloqueado. Te he visto salir tan tranquila, tan serena, que me he bloqueado.
 
Ella guardó silencio mientras lo escudriñaba. Lo vio perplejo, confundido, algo impropio de Zac.
 
Ness: Te has acojonado.
 
Zac: Por así decirlo. Puede.
 
Ness: Y has sacado conclusiones precipitadas.
 
Zac: Eh… vale.
 
Ness: Tú nunca te precipitas.
 
Zac: Nunca te había visto comprar un test de embarazo… más cuando soy el único que mantiene relaciones sexuales contigo.
 
Ella lo meditó.
 
Ness: Vale, eso es comprensible. Más o menos. -Le asomó una sonrisa a los labios y la dejó crecer-. Te has acojonado pero del todo.
 
Zac: Me he acojonado solo un poco -la corrigió-. Estaba más cabreado y… -Bien podía reconocerlo, decidió- y dolido de pensar que no me lo habías dicho. Nunca hemos hablado de qué haríamos si eso ocurre.
 
Vanessa suspiró hondo.
 
Ness: Eso es una señora conversación. No sé, no es algo de lo que se pueda hablar en cinco minutos, creo. De momento, vamos bien, ¿no?, porque no estoy embarazada, pero Claire sí. Y ella está feliz. Y Alex también lo estará.
 
Zac: Sí, lo estará. Muchísimo.
 
Ness: Alegrémonos por ellos y déjame disfrutar de descubrir que eres un imbécil. Ya hablaremos de posibles, pero ahora quiero ir a ver la demolición. Luego le he prometido a Claire que iría a por los niños y los traería a Vesta para que se lo pueda contar a Alex. A los críos no se lo quiere decir hasta más adelante. Después de la boda, en todo caso. Ahora la cosa queda entre Alex y ella, y supongo que tú, yo, Ashley, David, tus padres y los de ella. Que ya somos un montón.
 
Zac: Bien. -Más sereno, se levantó-. Pero tenemos que pensárnoslo, y hablarlo, por si acaso.
 
Ness: Te preocupa el «por si» más que a mí, pero vale. Hoy es un día genial, Zac.
 
Zac: Tienes razón. -Se calmó aún más cuando ella alargó la mano y lo repeinó-. Un día verdaderamente genial.
 
Ness: De momento, vamos a alegrarnos por Claire y Alex, que se van a casar, crear una familia y ampliarla. Eso es precisamente lo que quieren los dos.
 
Za: Bien -volvió a decir él, y la atrapó, la atrajo hacia sí-. Nos alegraremos por ellos. Siento haberme cabreado contigo.
 
Ness: Yo no, que así te puedo llamar imbécil. -Rió, echando la cabeza hacia atrás, y lo besó-. Vamos al local nuevo. ¿Puedo derribar yo algo?
 
Zac: Te buscaré algo que puedas demoler. Es lo mínimo que puedo hacer.




Como se ha liado todo por el test XD

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