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martes, 6 de agosto de 2013

Epílogo


**: Vanessa y Zac -pronunció el sacerdote, sonriendo-. Si es vuestra intención compartir vuestras alegrías y pesares durante los días venideros, entonces con vuestra solemne promesa os uniréis en matrimonio, como marido y mujer.

Vanessa se volvió para entregarle a su hermana su ramo de lilas y rosas. Vestida con un precioso vestido de seda blanco, no podía disimular su emoción. Miró a Zac. Sus ojos parecían brillar como el sol que se filtraba por los vitrales de la pequeña iglesia. Entrelazó los dedos con los suyos.

Tenía la sensación de que había pasado tanto tiempo desde que Zac la rescató de las garras de Kane… Pero solo habían transcurrido unas cuantas semanas. Durante la primera, Zac había estado ingresado en el hospital, recuperándose de su herida. Una herida que, finalmente, no había resultado tan seria como parecía en un principio.

Y Vanessa había estado día tras día a su lado, recuperándose a su vez. Del leve corte en el pecho, de sus contusiones y magulladuras, y sobre todo de la aterradora experiencia que había vivido.

Y aunque ni Zac ni ella se hallaban todavía completamente recuperados, estaban en camino. En camino de curarse. Y de compartir una vida maravillosa.

No era lo suficientemente ingenua como para creer que todo lo que había padecido no dejaría cicatrices en ella. Solo tenía que bajar la mirada a su pecho para convencerse de que su propia recuperación, al igual que la de Zac y de Brittany, seria lenta. Pero estaba igualmente convencida de que lo conseguirían. Juntos.

Derek Kane había perdido la batalla. Y la guerra. En aquel momento se encontraba encerrado en una prisión de alta seguridad, y nunca más volvería a aterrorizar a gente inocente.

Por desgracia, Charles Levens también estaba a punto de cumplir una sentencia de prisión, aunque corta, triste víctima de su propio odio y de su sed de venganza.

Y, a propósito de odio y de venganza, apenas el día anterior Vanessa había recibido un regalo de bodas procedente, nada más y nada menos, que del Inspector Pete Wiley, acompañado de una nota de disculpa. En ella le explicaba que su comportamiento hacia ella no había tenido nada de personal. Que había sido dictado por su odio hacia Kane y por su determinación de capturarlo.

Pero, en un día tan especial como aquel, no iba a perder el tiempo pensando en el pasado. No cuando se estaba casando con el hombre al que amaba, al que siempre había amado.

Zac: Te tomo, Vanessa Hudgens, como esposa -pronunció en aquel instante con voz ronca de emoción-.

Un estremecimiento la asaltó. Las lágrimas le nublaban la vista. Pero no podía permitirse llorar. Se le estropearía el maquillaje, no saldría bien en las fotos. Y quería que el fotógrafo sacara muchas instantáneas. Porque deseaba recordar aquel momento para siempre.

Zac: Para estar contigo y compartirlo todo…

A su espalda, Brittany soltó un suspiro. Nuevamente soltera después de la anulación de su matrimonio con Kane, había aceptado encantada hacer de dama de honor de su hermana. Y, al parecer, también estaba aceptando con igual o mayor entusiasmo las atenciones del jefe de policía John Rogers. Aunque todavía convaleciente de sus heridas, a Vanessa no le había pasado desapercibido el brillo que ardía en sus ojos cada vez que miraba a su hermana.

Zac: …para dar y recibir, para hablar y para escuchar…

La voz de Zac cortó el hilo de sus pensamientos. Eran promesas, promesas de futuro. Así iban a ser sus vidas. Lo miró a través del velo de sus lágrimas. Lágrimas de alegría. Lágrimas que ahuyentaban el dolor, el miedo, la infelicidad.

Las mismas lágrimas que veía brillar en sus ojos.


FIN




Aaawww! Dulce y tierno final.
Sé que queríais uno largo, pero en fin, yo no he escrito la novela. Os aguantáis XD.

Espero que la novela os haya gustado mucho mucho. A mi es la que más me gusta. Tiene de todo.

¡Gracias por los coments!
Espero tener más en el epílogo.
Cuando vea comentarios, pondré el quiz question del que os hablé. Y a continuación pondré la sinopsis de la próxima novela.

Muchas gracias por leer todos los días el blog.

¡Un besi!


domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 15


Un grito cortó el aire.

El corazón le dio un vuelco en el pecho. Frenó bruscamente detrás del coche patrulla que Kane había robado en la comisaría. Bajó y echó a correr con todas sus fuerzas.

Había llamado a Donatelli. El FBI y la policía estaban en camino. Pero no podía esperarlos. Tenía que salvar a Ness antes de que fuera demasiado tarde.

Ni siquiera volvió la cabeza para mirar la casa rural, el refugio donde Vanessa y él habían hecho el amor la víspera. Kane no podía haberla llevado allí. Aún no. No hasta que estuviera muerta.

No hasta que decidiera exponer su cadáver en el mismo lecho en que se habían amado.

Pero el muy canalla no tendría esa oportunidad.

Corría por el césped mojado, hacia el bosque. Resbalaba a cada paso, pero se las arregló para conservar el equilibrio. Para seguir corriendo.

Otro grito resonó en sus oídos.

«Ness».

La imagen del cuchillo de Kane cortando su piel, arrebatándole su preciosa vida… parecía reverberar detrás de sus ojos.

No.

Le sudaban las manos. La culata de la pistola casi resbalaba en su palma. Corría en la dirección del grito. Cuando llegó al linde del bosque, aminoró el paso. No podía irrumpir en el bosque a toda velocidad. Necesitaba localizar a Kane. Y disparar un tiro limpio. Un tiro limpio que pudiera alcanzarlo sin herir a Ness.

Entró en el bosque, moviéndose con todo el sigilo de que fue capaz. Una mezcla de lluvia y sudor le empapaba el pelo, la frente, los ojos. Se pasó una mano por la cara e intentó distinguir algo entre la espesura. Entre la densa masa de ramas y hojas.

Algo más adelante, pudo escuchar la voz de Kane. Era como un sonido fantasmal. Pero no podía oír a Ness. Ya no gritaba. ¿Dónde estaría…?

«Oh, Dios».

¿Habría llegado demasiado tarde? Un zumbido de alarma le atronaba los oídos. No.

No podía perder a Ness. No podía. Ella era su luz. Su esperanza.

La voz de Kane todavía reverberaba detrás de las ramas de un roble, destacando sobre el repiqueteo de la lluvia sobre las hojas.

Conteniendo el aliento, se esforzó por comprender algo de lo que estaba diciendo. Y por escuchar algún grito, cualquier sonido de Ness. Una señal de que aún seguía viva.

Solo se escuchaba la lluvia. Y la voz de Kane.

Lo maldijo con todas sus fuerzas.

Una oleada de furia lo barrió por dentro. De pura rabia. Si Kane había matado a Ness, no saldría vivo de aquel bosque. Esa vez no esperaría a que los tribunales dictaran sentencia.

Alzó la pistola y echó a correr sigilosa y rápidamente hacia el lugar del que procedía la voz de Kane. El pulso le martilleaba en los oídos.

Descubrió una mancha de color destacando contra el verde de las hojas. Una mancha roja.

La blusa de Ness.

Siguió corriendo. Kane se encontraba detrás de Ness, agarrándola del cuello con una mano y empuñando un cuchillo con la otra. Tenía la blusa abierta, descubriendo su sujetador de encaje negro. Tenía sangre en el pecho.

Pero estaba viva.

Sintió una inmensa oleada de alivio. Apuntó contra la cabeza de Kane, con el dedo en el gatillo. Desde donde estaba, el disparo no sería limpio. Tendría que rodearlos y rezar para que Kane estuviera demasiado abstraído en su propio mundo para que pudiera oírlo. Bajó el arma y empezó a desplazarse con el máximo sigilo.

Kane alzó en aquel instante el cuchillo, presionando la hoja esa vez contra la garganta de Ness. Y, al levantar la mirada, descubrió a Zac.

Derek: Vaya, pero si es el FBI…

El corazón le dio un vuelco. Lo apuntó con su pistola.

Zac: Has perdido, Kane. Suéltala.

Ness lo miró. La anterior expresión de terror desapareció de su rostro, para ser sustituida por otra de confianza, de fe en él. Soltó un suspiro de alivio.

Kane miraba a Zac como si no hubiera pasado nada. Sus ojos, con las pupilas dilatadas, parecían muertos, sin vida. Como los de una muñeca.

Derek: No te había visto, Efron, desde que contaste todas esas patrañas sobre mí en el juicio.

Zac: Suéltala y baja el cuchillo.

Kane negó lentamente con la cabeza.

Derek: ¿Sabías que los humanos tenemos una vena en la garganta que se llama yugular? Un pequeño corte, y una persona puede desangrarse y morir en cuestión de segundos. Así que te sugiero que bajes tú esa pistola.

Zac calibró el ángulo de disparo. Con Kane sujetando a Ness frente a sí como escudo, no podía estar seguro de hacer blanco. Ni de impedir que le cortase la garganta a Ness. Tanto si le metía una bala a Kane en el cuerpo como si no.

Y no podía correr ese riesgo. Así que bajó la pistola.

Derek: Tírala al suelo, delante de ti.

Zac dudó. Sin su arma, se vería impotente para detener a Kane. Y se hallaba demasiado lejos. Para cuando lograra ponerle las manos encima, Ness ya estaría muerta.

Agudizó los oídos, esperando escuchar de un momento a otro un ruido de sirenas, el de los coches patrulla acercándose. Pero no oía nada más que el repiqueteo de la lluvia contra las hojas.

Derek: Suelta la pistola, Efron. A no ser que quieras ver lo que puedo hacer con este cuchillo.

Presionó la hoja contra el cuello de Ness. Un hilillo de sangre comenzó a resbalar por su piel.

Ness ahogó una exclamación, sin mover un músculo.

Zac: ¡Espera! -alzó las manos, sosteniendo la pistola con un dedo-.

No tendría más remedio que tirarla al suelo. No había otra opción.

Lanzó la pistola, que fue a aterrizar sobre la hierba. Una sonrisa se dibujó en los labios de Kane.

Derek: Así está mejor. ¿Sabes? Ha sido una grosera impertinencia por tu parte interrumpirme de esta manera, Efron. Llevaba mucho tiempo esperando cazar a esta pieza.

A Zac se le encogió el estómago. Hablaba de «piezas», no de seres humanos.

Zac: Más agentes están en camino, Kane. Junto con el departamento del sheriff al completo, claro. Tu única oportunidad es soltarla y escapar.

Derek: ¿Y por qué habría de hacer algo semejante? -ladeó la cabeza-. Ella es la razón por la que escapé de la prisión. No voy a abandonarla así como así -desvió la mirada hacia Ness-.

Un solo corte de cuchillo y estaría muerta. Zac se dijo que debía distraer la atención de Kane hasta que llegara la policía. No podía dejar que se concentrara en Ness. Dio un paso hacia él.

Derek: Quieto ahí, Efron.

Zac: ¿Cómo lo hiciste, Kane? ¿Cómo fuiste capaz de llevártela delante de nuestras narices? -mantenía fija la mirada en el rostro de Kane, resistiendo la tentación de mirar a Ness a los ojos. Ojos que, en aquel momento, estaban buscando los suyos. Ojos en los que brillaba la fe, la confianza. Que irradiaban fuerza, y luz. Sí, quería aquella luz. La necesitaba. Y se aseguraría, como fuera, de que Kane no la apagara. ¿Cuándo diablos empezarían a sonar aquellas sirenas…?-. Solo dime cómo lo hiciste, Kane.

Derek: ¿Por qué? ¿Tú también estás escribiendo un libro?

Zac no reaccionó. En lugar de ello, su rostro no reflejó expresión alguna, sino solamente pasividad. A Kane le encantaba proclamar lo inteligente que era, su habilidad para burlarse de la policía, del FBI. Una debilidad con la que Zac contaba para que se distrajera, hasta que llegaran los refuerzos.

Zac: A lo largo de mi carrera, han sido pocos los asesinos que han logrado engañarme, Kane. Pero tú lo has conseguido. ¿Cómo?

Derek: Simplemente puse en juego el balón -sonrió-. A partir de ahí, todo fue siguiendo su propio curso.

Bien. Eso era precisamente lo que Zac había esperado.

Zac: Dejaste que Brittany hiciera esa llamada.

Derek: ¿No pensarías que iba a dejarle un teléfono a su disposición por descuido, verdad?

Zac: Y sabías a quién llamaría.

Derek: A su hermanita mayor, por supuesto.

Miró a Ness, con su rostro apenas a unos centímetros del suyo. Sacando la punta de la lengua, la deslizó a lo largo de su mejilla, desde el mentón hasta la oreja.

Vanessa se encogió de asco.

Una oleada de rabia invadió a Zac. Cerró los puños. Pero no podía dejar que Kane descubriera lo mucho que le había afectado aquel gesto. Tenía que mantenerse tranquilo hasta que llegaran los refuerzos. Si no lo hacía, Ness moriría.

Zac: Pero, después de esto, no podías prever lo que sucedería…

Derek: Te equivocas. Sabía perfectamente lo que sucedería. Tú te la llevarías a algún lugar donde pudiera estar a salvo. Y luego, junto con tus legiones de policías y agentes del FBI, correrías a rescatar a Brittany.

Zac se dijo que el muy canalla tenía razón. Había llevado a Ness a la comisaría de Grantsville creyendo que allí estaría más segura. Más segura lejos de la acción, de los tiroteos, de él. Creyendo protegerla, en realidad la había puesto en peligro. Y se la había entregado a Kane en bandeja.

Derek: Eres un tipo tan previsible, Efron… Lo único que tuve que hacer fue matar a esos dos polis y llevarme a mi pieza… -sin dejar de mirarlo, retiró el cuchillo del cuello de Ness hasta situar la punta de la hoja justo debajo del centro de su sujetador-. Yo he ganado.

Pero Zac no estaba dispuesto a consentirlo. Tensó todos sus músculos, dispuesto a saltar sobre el asesino.

Las sirenas de la policía sonaron en aquel preciso instante, cada vez más cerca. Kane giró la cabeza en esa dirección.

Vanessa aprovechó entonces para asestarle un fuerte codazo en las costillas. Se quedó sin aire. Doblándose sobre sí mismo, intentó protegerse de un nuevo codazo.

Una vez libre, Ness se lanzó al suelo. Lejos de Kane. Lejos de su cuchillo. Lejos de la línea de fuego de Zac.

Zac, a su vez, saltó al suelo para buscar su arma. Hundió las manos entre la maleza, golpeándose los dedos con los arbustos.

Por el rabillo del ojo, vio a Ness levantarse justo cuando Kane se disponía a agarrarla de nuevo. Su mano se cerró sobre su brazo.

Renunciando a recuperar la pistola, se abalanzó sobre él, derribándolo y aterrizando encima. Sintió una violenta punzada de dolor en un costado.

Kane levantó otra vez el cuchillo, dispuesto a hundirlo de nuevo en su cuerpo. Pero Zac le sujetó la muñeca y lo obligó a bajar el brazo, procurando inmovilizárselo contra el suelo.

La mano libre de Kane encontró su rostro, clavándole los dedos en los ojos. Zac giró la cabeza, intentando protegerse, intentando ver algo.

Kane seguía aferrando el cuchillo.

A Zac le ardían los ojos. Le dolía terriblemente el costado. Incluso en el alboroto de la pelea, podía sentir la pegajosa humedad de la sangre empapándole la camisa, consumiendo sus fuerzas. Pero tenía que aguantar, que resistir. No podía dejar que Kane volviera a alzar su cuchillo. No podía…

De repente, un ruido sordo estalló prácticamente al lado de su oído.

Kane giró bruscamente la cabeza. Por el rabillo del ojo, vio que Ness volvía a tomar impulso para propinarle una segunda patada en la cara. Con otro golpe sordo, apagado, su bota se estrelló contra la sien de Kane.

Esa vez el cuchillo escapó de entre sus dedos agarrotados.

Al parecer, había quedado inconsciente. Sin perder tiempo, sacando fuerzas de flaqueza, Zac consiguió darle la vuelta y le inmovilizó las manos a la espalda. Las sirenas de la policía se oían cada vez más cerca. Estaban ya en la casa rural.

Ness: No pude encontrar la pistola. No pude… Oh, Dios mío, estás herido… -cayó al suelo de rodillas, a su lado-.

Se volvió para mirarla, buscando la luz, la fuerza, en sus ojos. Todo había concluido. Kane estaba acabado. Lo habían derrotado. Habían vencido al mal, a la oscuridad. Habían ganado.

«Juntos».

A pesar del punzante dolor del costado, una sonrisa asomó a sus labios.

Zac: Buena patada.

Ness: Déjame ver tu herida -ignorando sus protestas, le alzó la camisa y descubrió el profundo corte-. Oh, Zac…

Bajó la mirada a la herida, a la sangre. El corte no ofrecía buen aspecto, pero sobreviviría.

Zac: Brittany se encuentra bien, Ness. Sana y salva.

Ness: Gracias a Dios -repuso, con los ojos llenos de lágrimas-.

Ansiaba estrecharla entre sus brazos y decirle que todo había terminado. Pero primero tenía que asegurarse de que Kane no volviera a hacer daño a nadie nunca más.

Clavando una rodilla en la espalda del asesino, se dedicó a registrarlo. Encontró un objeto pequeño y duro en un bolsillo. Una llave.

Zac: Voy a abrirte esas esposas.

Ness le tendió las manos. Zac le quitó las esposas y se las puso a Kane. Vio que el asesino empezaba a volver en sí. Pero ya no había peligro. Esposado, no iba a ir a ninguna parte.

Excepto a una prisión de alta seguridad.

Ness se apresuró a quitarle la camisa a Zac. Haciendo con ella una bola, la aplicó contra la herida, que no dejaba de sangrar.

Ness: Inclínate hacia atrás -le ordenó-. Tenemos que detener esa hemorragia.

Zac obedeció. Necesitaban detener aquella hemorragia. Necesitaba conservar todas sus fuerzas. El destino les había dado otra oportunidad. Otra oportunidad para la vida, para el amor. Para la felicidad.

Y necesitaría de toda la fuerza que pudiera reunir para aferrarse a aquella oportunidad con las dos manos. Con todo su ser. Solo tenía que encontrar las palabras adecuadas.

De repente descubrió el largo pero superficial corte que le había hecho en el pecho, justo entre los senos, dañando su piel bronceada, perfecta.

Zac: Dios mío, te ha herido…

Se esforzó por sentarse, pero ella lo obligó a tumbarse de nuevo, suavemente.

Ness: Duele un poco, pero no es nada. No es un corte profundo. De veras.

Zac se dejó atender de nuevo. Se sentía aturdido. Pero no podía dejar que nada lo interrumpiera en lo que tenía que decir.

Zac: Tenias razón.

Ness: ¿En qué?

Una expresión de preocupación velaba su mirada.

Zac: En todo -necesitaba explicárselo. Necesitaba hacerle comprender que, en esa ocasión, sí que podría confiar en él-. Durante estos dos últimos años, dejé que el mal me consumiera. Que se fuera apoderando de mí. Poco a poco. -Se oyó el brusco frenazo de varios coches. Una batería de gritos resonó en el aire-. Primero, me obsesioné con ello. Y luego renuncié a todo lo bueno que podía existir en mi vida. Renuncié a ti. -Ness tenía los ojos llenos de lágrimas. Abrió la boca para hablar-. Espera. Escúchame primero. Quiero que comprendas…

Ness: Lo comprendo.

Zac: Entonces quiero comprenderlo yo. Quiero pronunciar las palabras en voz alta y hacerlas realidad. -Una temblorosa sonrisa asomó a los labios de Ness. Asintió con la cabeza-. Durante estos dos últimos años de oscuridad, le dejé ganar a Kane. Pero ya he aprendido. No voy a seguir renunciando a nada. Voy a luchar. Y necesito que me ayudes. -Unos pasos resonaron en el bosque. Oscuras figuras se abrían paso entre la maleza, hacia ellos-. Tú me haces fuerte, Ness. Mucho más de lo que podría serlo solo. -Lágrimas de emoción resbalaron por las mejillas de Ness, mezcladas con la lluvia. Lágrimas de alegría. De redención. Lágrimas que liberaban los pecados de Zac-. Te quiero, Ness. Nunca dejé de quererte, ni un solo momento. Amo tu obstinación, y tu vulnerabilidad, y esa maravillosa luz de esperanza que siempre está ardiendo en tus ojos.

Ness: Yo también te quiero, Zac. Y siempre te querré.

Vio que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Una sonrisa nacida directamente de su corazón. De su alma.

Zac: Tú me has salvado, Ness. Tú me has hecho creer en la luz, en la esperanza. Y, durante todo el tiempo, tenias razón. Juntos somos más fuertes.




¡Gracias a Dios! Todo ha salido bien.
Aunque sé que alguien pensaba lo contrario XD.

¡Gracias por los coments!

Falta el epílogo. Así que quiero seguir viendo coments, chicas.
Ya os hablaré un poquito de la próxima novela si es que veo muchos coments ;)

¡Un besi!


jueves, 1 de agosto de 2013

Capítulo 14


Derek: Hola, Vanessa. ¿Me echabas de menos?

Destilaba una sádica alegría. Dio un paso hacia ella.

Estaba paralizada, helada de espanto. Kane. Había ido a por ella.

Derek: Yo te he echado mucho de menos -su sonrisa se amplió. Dio otro paso hacia delante-. Brittany es una buena chica, pero carece de tu talento para la conversación.

Un nudo de terror le apretaba la garganta, amargo como la hiel. Cuando finalmente logró moverse, tropezó con la silla que tenía detrás y a punto estuvo de caer al suelo.

Derek: Por supuesto, quizá el recuerdo que tenga de ti esté un poco… idealizado. Hoy no pareces muy habladora. ¿Qué te pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato?

Recuperando el equilibrio, se fue alejando paso a paso, pegada a la pared. Tenía que pedir ayuda.

Derek: Estoy seguro de que tu mutismo no será permanente. Quería oírte suplicarme clemencia. Me muero de ganas de escucharte.

Gritar. Tenía que gritar. Un chillido resonó en la diminuta comisaría.

Derek: Eso es como música para mis oídos -echó la cabeza hacia atrás, triunfante-. Nadie puede oírte. Solo yo. Pero te agradezco este concierto en privado.

¿Acaso no había nadie allí? ¿Ni siquiera Rogers, el jefe de policía? ¿Don, el agente que había estado escribiendo a máquina en la oficina? ¿Los habría matado Kane a los dos? ¿Los habría degollado como al agente Palmer? Desvió la mirada hacia la puerta, ansiando desesperadamente ver entrar a Rogers de un momento a otro, con la pistola en la mano.

Pero la puerta seguía cerrada. Y la comisaría sumida en un absoluto silencio, únicamente turbado por el implacable latido de su corazón.

Derek: No te hagas ilusiones. Lógicamente, he tomado precauciones antes de entrar por esa puerta. He planificado hasta el último detalle este encuentro, Vanessa querida.

Se sentía mareada, aturdida por el pánico… pero tenía que dominarse, que mantener despejada la cabeza. Tenía que concentrarse.

Derek: No quiero que nos interrumpan -le hizo un guiño-. Tenemos que recuperar el tiempo perdido.

Vanessa intentó aferrarse a alguna esperanza. Había escuchado la voz de Zac en la radio de la oficina. Lo había oído comunicar a la policía que estaban en camino. Zac estaba de camino hacia allí.

¿Pero llegaría a tiempo?

Miró el cuchillo que blandía Kane. No, no llegaría a tiempo. Al menos antes de que Kane la atacara. Estaba sola. Tenía que librarse de Kane por sus propios medios.

Se preparó para correr. La comisaría debía tener una puerta trasera. Una puerta por la que pudiera escapar. Era su única oportunidad. Girándose en redondo, corrió por el pasillo.

Podía oír a Kane corriendo tras ella. Cada vez más rápido. Más cerca.

Agarrándose al marco de la puerta, entró en la oficina. Un cuerpo estaba derrumbado sobre la máquina de escribir. La sangre chorreaba por el escritorio.

Sintió una náusea. Detrás del cuerpo, vio un letrero de neón con la palabra «salida». Era su escape. Su única oportunidad. Se obligó a correr.

Kane entró en aquel instante en la oficina. Estaba solo a dos pasos de ella, a uno.

Cerró la mano sobre el picaporte. Sus dedos hicieron contacto con el frío metal.

Pero logró agarrarla del pelo. Echándole la cabeza hacia atrás, tomó impulso para golpearla contra la puerta. Vanessa cayó de rodillas en el suelo.

Levantándola del cabello, la acercó hacia sí.

Y Vanessa pudo sentir el frío contacto de la hoja del cuchillo contra su cuello.

Derek: ¿Adónde ibas? Tenemos muchas cosas de que hablar.

Un estremecimiento sacudió su cuerpo, una convulsión que no podía dominar.

La había atrapado. Oh, Dios. Kane la tenía en su poder.

Derek: No pareces muy contenta de verme, Vanessa. ¿Se puede saber por qué?

Le dolía terriblemente la cabeza, el cuello, las rodillas…

Derek: ¿Es porque te gusta dominar a la gente? ¿Por qué te gusta estimular a un tipo como yo y luego humillarlo? ¿Te gusta ese tipo de juegos? -sin apartar el cuchillo de su cuello, la obligó a salir de la oficina-. Muy bien, pues yo tengo un jueguecito para ti, cariño. Y te va a encantar.


Zac buscó el pulso al cuerpo ensangrentado de Rogers. Bajo las yemas de sus dedos, detectó un latido débil, irregular.

Zac: Está vivo. O casi. ¡Llamen a una ambulancia, rápido!

**: Ya está en camino -gritó alguien-.

Wiley apareció de repente, arrodillándose a su lado.

Wiley: Ya me encargo yo de él.

Zac no discutió. Dejando a Rogers en sus manos, se levantó y corrió hacia la comisaría, abarrotada de agentes del FBI. Donatelli se hallaba en el centro del vestíbulo. Se volvió para mirar a Zac.

Vince: El policía de la oficina está muerto -le informó con tono sombrío-. Degollado.

El terror atenazó el estómago de Zac con una mano de hielo.

Zac: ¿Y Ness?

Vince: No está aquí. No hay señales de ella.

Kane tenía a Ness. Zac sacudió la cabeza, aturdido. Tenía que concentrarse. Tenía que pensar.

Vince: No hay señales de que la haya matado, Efron. Probablemente todavía sigue viva.

Por supuesto que todavía seguía viva. Matar solamente era una mínima parte de las fantasías de Kane.

Zac: Preparará su cacería humana con ella.

Vince: ¿La cabaña de Levens?

Zac: Quizá -esperaba que Kane la hubiera llevado allí. Ojala fuera todo tan fácil-. ¿Sus hombres han llegado ya a la cabaña?

Vince: Todavía no.

Zac giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.

Zac: Llámeme cuando lo hagan. Voy para allá.

Corrió a su coche. El equipo de la ambulancia ya estaba atendiendo a Rogers. La cabaña de Levens estaba lejos de allí. En otro condado. No había tiempo que perder.

Una vez sentado al volante, enfiló hacia la autopista. Pisó a fondo el acelerador.

Su cerebro trabajaba a toda velocidad. Cuando Kane abandonó la casa de Levens, lo hizo con la seguridad de que el FBI estaba en camino hacia allí. Había contado con ello. Su intención había sido la de hacerles perder todo el tiempo posible registrando la casa, evacuando a los vecinos de alrededor, preparando el asalto… Y todo ello después de haber dejado un mínimo de efectivos en la pequeña comisaría de Grantsville.

También había previsto que, una vez que encontraran a Brittany, ella les diría lo de la cabaña. Y que se marcharían inmediatamente después de la llamada de teléfono. Y que correrían a la comisaría de policía para descubrir los cuerpos de Rogers y del otro agente.

Kane siempre iba un paso por delante de ellos. Entonces… ¿para qué llevar a Ness de regreso a la cabaña de Levens? ¿Por qué no llevársela a otro lugar?

No se la llevaría a la cabaña. Zac estaba seguro de ello. Pero si no era allí… ¿adónde? No tenía la menor idea. Y a no ser que se le ocurriera algo, y rápido, Ness moriría.

Sentía una opresión tan grande en el pecho que apenas podía respirar. Si alguna vez, durante los últimos años, había podido llegar a sentir lo que había sentido Kane, pensar lo que había pensado, meterse debajo de su piel… había llegado el momento de demostrarlo.

Conocía a Kane. Podía pensar como pensaba aquel asesino. Seguro que podía descubrir el lugar a donde pretendía llevar a Ness, el objeto de su obsesión, para escenificar la fantasía de violencia que había concebido después de leer sus humillantes comentarios en la revista de psiquiatría.

Cuando Kane decidió matar a su esposa, se la llevó a la cabaña de caza que poseía en los bosques del norte. Al lugar donde, en el pasado, se había refugiado para escapar a las humillaciones y frustraciones de su vida. Al único lugar donde podía cazar presas más débiles que él mismo. Al único lugar donde era el rey, el amo.

Pero ya no tenía ese lugar.

Sí, la respuesta tenía que estar allí, enterrada en lo más profundo de la mente de Kane. En algún escondrijo de su pasado comportamiento, fruto de sus inseguridades, de sus anhelos, de su retorcido corazón.

Se había llevado a Fiona Hamilton a la cabaña de Levens para escenificar allí su cacería humana. Había elegido precisamente aquella cabaña porque sabía que el guardia lo despellejaría vivo si se enteraba, según sus propias palabras. Una vez consumado el asesinato, había dejado el cadáver en el porche de la casa de Ness. Con la intención de aterrorizarla.

Y lo había dispuesto todo para que, en el interior del cadáver, la policía encontrara el portafotos de Ness. Una manera de anunciar a las fuerzas de seguridad que ya era suya, que estaba bajo su dominio. Que pensaba burlarse de ellos arrebatándosela delante de sus narices. Y, con su incursión en el hotel y el degollamiento de Palmer… a punto había estado de conseguirlo.

Zac apretó con fuerza el volante. Kane había atrapado a Ness. No podía dejar que aquel asesino se saliera con la suya… Se obligó nuevamente a concentrarse. La respuesta estaba allí, podía sentirla. Solo tenía que buscar lo suficiente para encontrarla. Antes de que Kane entrara en prisión, su elección de los lugares de cacería siempre había sido algo muy personal. Lugares en los que se sintiera fuerte, en los que él fuera el maestro. Y en los que pudiera deshacerse secretamente de los cadáveres.

Lugares solitarios, poco frecuentados, a los que pudiera permitirse volver para recrear sus fantasías, sin temor a que lo descubrieran.

Pero todo eso había cambiado después de su fuga de la cárcel. Ahora parecía que la elección de sus escenarios estaba dictada por sus ansias de venganza. Había matado a Fiona en la cabaña de Levens para vengarse de su odio y del poder que el guardia había ejercido sobre él mientras estuvo encerrado. Había dejado el cadáver en el porche de la casa de Ness con el objetivo de asustarla, de aterrorizarla. La había secuestrado directamente en la comisaría para burlarse de las fuerzas de la ley. Esa era su pauta de comportamiento.

¿De quién se vengaría Kane esa vez? ¿A quién podría dolerle más la muerte de Ness?

De repente fue como si el corazón se le congelara en el pecho. Sintió un dolor tan grande detrás de los ojos, que tuvo que bajar la cabeza contra el volante. Sabía perfectamente a quién le dolería más la muerte de Ness. Y Kane también.

A él.

Dio un puñetazo al volante. Sabía a dónde había llevado a Kane. Sabía dónde pensaba soltarla, darle caza, matarla.

Pero no lo permitiría.

Tal vez le había entregado una buena parte de su ser a Kane dos años atrás, pero no estaba dispuesto a entregarle a Ness. Antes moriría en el empeño.

Y se llevaría por delante a aquel sanguinario asesino.


El miedo le atenazaba el pecho, le impedía respirar, le dificultaba pensar. Con las manos inmovilizadas por las esposas que Kane le había quitado al jefe de policía Rogers, tenía la mirada clavada en la lluvia que resbalaba por el parabrisas y en el dosel de árboles que parecía engullir la carretera. Se esforzaba por ahuyentar las imágenes del cadáver de Fiona Hamilton que acosaban su cerebro. No podía pensar en lo que le haría Kane si no lograba escapar de sus garras. Tenía que concentrarse.

Si no lo hacía, estaba muerta.

A su lado, Kane manejaba el volante con una mano. Conducía el coche patrulla con total despreocupación, como si estuviera paseando una tarde de domingo.

Pero no. Vanessa podía sentir la violencia que emanaba por todos sus poros. El desprecio que ardía en sus ojos cada vez que la miraba.

De repente el dosel de árboles se abrió delante de ellos, descubriendo la casa rural que Zac y Vanessa habían abandonado aquella misma mañana. En aquel momento estaba oscura, vacía. Sus ventanas semejaban ojos ciegos, sin vida. La lluvia chorreaba por los tejados.

Derek: Bonito lugar. No sabía que el FBI tuviera tanto dinero -una sonrisa asomó a los finos labios de Kane. Se volvió para mirarla. Sus ojos eran tan fríos como la hoja de acero que llevaba al cinto-. Qué amables han sido al desalojarlo y dejarnos la casa para nosotros solos, ¿verdad?

Ness: El FBI descubrirá dónde estamos, Kane.

Derek: ¿Crees que Efron lo adivinará? -soltó una carcajada-. Espero que sí. Y espero que descubra la sorpresa que le dejaré preparada.

La imagen del cadáver de Fiona en el porche de su casa asaltó de nuevo el cerebro de Vanessa. Kane también presentaría su cadáver, para que lo viera Zac. Para que la imagen de su cuerpo mutilado lo acompañara durante el resto de su vida. Sintió una náusea de furia y de miedo.

Derek: ¿Quieres que te hable de ello? ¿Quieres que te cuente en qué va a consistir la sorpresa?

Su mirada destilaba una violencia que parecía atravesarle la piel.

Vanessa se mordió el labio hasta hacerse sangre, intentando sobreponerse al terror que sentía. Sabía perfectamente cuál era el juego de Kane. Quería ver el terror en sus ojos. Oírlo en sus gritos. Alimentarse, regodearse en él.

Pero ella no le daría esa satisfacción.

Apretando los labios, mantuvo fija la mirada al frente. El frío metal de las esposas se le clavaba en la piel. Le dolían las rodillas y la cabeza. Pero nada de eso importaba. No se lo permitiría. Kane podría hacer lo que se le antojase. No jugaría el papel que le tenía reservado en su fantasía.

Detuvo el coche patrulla en el sendero que llevaba a la puerta principal de la casa, y se volvió hacia ella.

Derek: ¿No quieres saber lo que te tengo preparado, eh? -Deslizó un dedo helado por su mejilla. Vanessa se tensó para dominar un estremecimiento de repulsión-. Oh, Vanessa. Tú siempre tan valiente, tan controlada… Siempre tienes que controlarlo todo, ¿verdad? ¿Sabías que ese es precisamente tu problema? Eres una controladora. Incluso la imbécil de tu hermanita se ha dado cuenta de ello.

Continuó mirando hacia delante, dejando que sus palabras le resbalaran. No podía dejarse influenciar por él. No podía dejar que se aprovechara de sus temores, de sus inseguridades. No podía dejarse hundir en el pozo de miedo que había surgido en su interior.

Derek: Bueno -enterró lentamente los dedos en su cabello-, como quieras. Es igual. Ahora soy yo quien tiene el control.

Y la tiró con fuerza del pelo. El dolor hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas.

Abriendo la puerta, la obligó a bajar. Cayó de nuevo de rodillas. Un grito brotó de sus labios.

Derek: Levántate -le ordenó, con los ojos brillantes-.

Agarrándola todavía del pelo, tiró de ella y la arrastró por el jardín.

Vanessa se esforzaba por levantarse, por seguir su paso. La sangre de las rodillas le había empapado los vaqueros. Le dolía el cuero cabelludo como si lo tuviera en carne viva. La lluvia fría resbalaba por su rostro, metiéndosele en los ojos.

Kane se detuvo en el linde del bosque y acercó su rostro al suyo, apenas separado por unos centímetros, entrecerrando los ojos de furia.

Derek: ¿Sabes una cosa? Yo no soy tan inepto e incompetente como pensabas, como me describiste en tu artículo.

Ness: Era solamente un perfil psicológico, Kane… -jadeó-. No era algo personal… -en el preciso instante en que aquellas palabras escaparon de sus labios, comprendió que había cometido un error-.

Kane esbozó una lenta y cruel sonrisa.

Derek: Por supuesto que fue algo personal. Yo te dejé entrar. Te dejé verme, hablar conmigo. ¿Y cómo recompensaste mi amabilidad? Intentando controlarme. Llamándome «incompetente».

Vanessa no dijo nada. No recordaba con exactitud lo que había escrito en aquel artículo, pero sabía que probablemente estaba en lo cierto con la elección de la palabra. Incompetente e inepto en sus relaciones con las mujeres. Humillado por una madre dominante. Humillado repetidamente por una esposa de carácter muy similar. Una víctima que buscaba vengarse victimizando a los demás. No podía negar lo que había escrito. Porque era la verdad.

Sin dejar de agarrarla del pelo con una mano, se llevó la otra a su cinturón, donde llevaba el cuchillo.

Derek: Pues voy a demostrarte ahora mismo lo incompetente que soy, profesora Vanessa Hudgens. Ahora verás.

El pánico le atenazaba la garganta.

Pero no. No podía dejar que viera su miedo, el temblor de terror que convulsionaba su cuerpo. Se concentró en respirar. Aspirar y espirar el aire, lentamente. No. No le daría esa satisfacción.

Antes la muerte.

Kane alzó su cuchillo. La lluvia resbalaba por la hoja, todavía manchada de sangre seca. Sonrió, descubriendo sus blancos dientes.

Derek: ¿Alguna vez has ido de caza?

El corazón empezó a latirle todavía más fuerte. Se esforzó por seguir respirando con normalidad.

Derek: ¿No? -arqueó una ceja. Su sonrisa se convirtió en una mueca-. Pues bien, yo te lo explicaré. Es como un concurso. Un concurso entre el hombre y el animal. Y el más fuerte, el más competente, si quieres… es el que gana.

Se vio asaltada por una oleada de furia. No estaba dispuesta a dejar que la aterrorizara de aquella forma. No iba a dejarse dominar.

Ness: Vete al infierno, Kane.

Derek: Tú primero, Vanessa, cariño -y, sonriendo, la soltó-.

Vanessa experimentó un alivio inmenso. Desgraciadamente, duró poco.

Rodeándole la cintura con un brazo, Kane la atrajo hacia sí.

Derek: Primero, quítate la ropa -le acercó el cuchillo a la cara-. Me gusta que mis presas estén desnudas.

Hizo saltar con el cuchillo el primer botón de su blusa, con un simple giro de muñeca. Tensa, Vanessa se mordió el labio para no gritar. El sabor de la sangre casi le provocó una náusea.

Kane le cortó otro botón. La blusa se abrió un poco más, revelando el borde de su sujetador de encaje negro.

Derek: Mmm… Te has vestido para mí. Pero deberías saber que yo prefiero el blanco. El blanco puro, inmaculado.

El corazón le latía a toda velocidad. Se obligó a tragarse los gritos que subían hasta su garganta. Tenía que encontrar una manera de escapar. De sorprender a Kane, de tomarlo desprevenido. Tenia que hacerlo. Antes de que se empozara en aquel miedo. Antes de que el cuchillo de Kane pusiera fin a todo.

De repente se le ocurrió algo. Seguro que a Kane le había costado encontrar el artículo que ella había escrito para una revista de la universidad. De modo que tal vez estuviera interesado en leer algo más.

Ness: Acabo de escribir un libro, Kane. Un libro sobre ti -pronunció con voz sorprendentemente firme, como si estuviera manteniendo una conversación normal… con una persona normal-.

Haciendo como si no la hubiera oído, Kane hizo saltar el tercer botón de su blusa. Una nueva punzada de pánico amenazó con destruir la capacidad de autocontrol de Vanessa.

Ness: Aunque yo muera, la gente lo leerá.

Derek: ¿Y por qué habría de importarme eso?

Ness: Pensé que querrías leerlo antes de que saliera publicado.

Derek: No lo entiendes, ¿verdad? -esbozó una mueca de disgusto-. Tú ya no me importas, corazón. Ya no puedes controlar las cosas. No eres nada. Y cuando haya acabado contigo, serás menos que nada.

Le cortó otro botón. La blusa se abrió, quedando todo el sujetador al descubierto.

Vanessa se dijo que tenía que huir. No podía esperar a que Kane preparara su escenario de caza. Una vez que lo hiciera, todo habría terminado.

Kane se humedeció los labios mientras la contemplaba. Bajó el cuchillo y se apartó un tanto, ladeando la cabeza, como para mirarla mejor. La presión de sus dedos se aflojó un tanto.

Y eso era precisamente lo que Vanessa necesitaba. Acumulando todas sus fuerzas, lo embistió con la cabeza, derribándolo de espaldas. Milagrosamente, ella no se cayó. Girándose en redondo, corrió hasta internarse en el bosque.

Las ramas le arañaban la piel, desgarrándole la blusa. La lluvia le azotaba el rostro. Continuó corriendo, desesperada por alejarse todo lo posible de Kane.

Sus maldiciones cortaban el aire como disparos. A su espalda, Vanessa podía oírlo abriéndose paso entre la maleza. Sus pisadas atronaban sus oídos, acompasándose con el acelerado latido de su corazón.

Un pánico animal, primario, se apoderó de ella. Corrió todavía más rápido por el terreno embarrado, alzando las manos para protegerse el rostro de las ramas.

Los pasos de Kane sonaban cada vez más cerca. Más rápido. Hasta que le clavó los dedos en una manga de la blusa, como garras.

Vanessa dio un brusco tirón, y la blusa se desgarró.

Se había quedado con la manga en la mano, pero la agarró de nuevo. Y esa vez sus dedos se cerraron sobre su carne.

La había atrapado.

La obligó a detenerse. Vanessa sintió que le fallaban las piernas, pero él no la dejó caer. En vez de ello, la empujó violentamente contra un tronco de árbol.

Derek: ¿Quién diablos te crees que eres? -preguntó con voz áspera, gutural-. Tú no eres una persona. Eres un animal, una presa. Una presa incompetente. Ahora mismo harás lo que yo te diga. Y cuando haya terminado contigo, sabrás quién es el amo. El amo soy yo.

Cerró una mano en torno a su garganta, atrayéndola hacia sí con la otra.

Por el rabillo del ojo Vanessa vio el cuchillo, el brillo rojizo de la hoja. Kane acercó el filo a su pecho, justo debajo del cuello.

Derek: Así es como voy a hacerlo, Vanessa. Así es como voy a cortarte -y fue bajando el cuchillo, cortándole levemente la piel-.

Un chillido surgió de su garganta. Un chillido fuerte, desesperado, desgarrador.




Sobran las palabras...
¡ZAC, CORRE!

¡Gracias por los coments!

A ver si veo más en este capi. Creo que es sin duda el capítulo más interesante, intrigante y aterrador de todos.

¡Comentad!
¡Un besi!


martes, 30 de julio de 2013

Capítulo 13


El pulso le atronaba en los oídos. Apretaba el móvil con todas sus fuerzas, como si la vida de su hermana dependiera de ello. Alzó la mirada hacia Zac.

Se puso a su lado de un salto, rodeándole los hombros con un brazo y acercando todo lo posible el oído al teléfono. Vanessa lo ladeó levemente para que pudiera escuchar.

Ness: ¿Dónde estás, Britt? Dime dónde estás y ahora mismo iré a buscarte.

Britt: No -pronunció con voz temerosa-. No puedes venir a por mí… Él te quiere a ti, Vanessa. Va a por ti.

Iba a por ella, pero mataría a Brittany primero.

Ness: ¿Desde dónde me estás llamando? ¿Dónde está él ahora?

Britt: Fuera. No sabe que te estoy llamando.

Horribles imágenes de lo que podría hacer Kane con su hermana si se enteraba de aquello asaltaron el cerebro de Vanessa.

Ness: ¿Estás segura de que no se dará cuenta?

Britt: Sí.

Ness: ¿Puedes salir de allí, Brittany? ¿Puedes correr?

Britt: Está fuera en el jardín. Me verá y me atrapará. Eso es lo que le gusta hacer. Eso es lo que… Oh, Vanessa -se interrumpió, angustiada, y comenzó a sollozar-. Esta vez sí que lo he estropeado todo…

Ness: Tranquila, Britt, no pasa nada…

Britt: Creía que me amaba. Lo creía de verdad…

El dolor que traslucían las palabras de su hermana le desgarró el corazón. Sintió una punzada de culpabilidad.

Ness: Lo sé, Britt. Lo siento tanto. Si yo no hubiera…

Britt: No ha sido culpa tuya, Ness.

Ness: Yo te abandoné.

Britt: Y yo te culpé por ello durante demasiado tiempo. Pero me equivocaba -poco a poco fueron cesando los sollozos, y su tono se volvió más firme, más decidido-. Escucha, si algo me sucede, no quiero que te eches la culpa.

Ness: No te sucederá nada, Britt. Yo no lo consentiré.

Britt: Ahora mismo no tienes ningún control sobre lo que está pasando, Vanessa. Así que escúchame bien -detrás de las lágrimas, la voz de Brittany destilaba una firmeza insólita en ella-. No fue culpa tuya que nuestra madre se diera a la bebida. No fue culpa tuya que mi padre no me quisiera. Y tampoco que yo me enamorara tan ciegamente de Derek. Así que no vuelvas a culparte de nada nunca más, ¿entendido?

Ness no pudo reprimir una sonrisa de orgullo. Brittany había pasado por un infierno. Pero en vez de destruirla, eso la había hecho más fuerte. Y sobreviviría. Ella se encargaría de que así fuera.

Ness: Dime dónde estás, Britt.

Britt: Prométeme que no te culparás. Suceda lo que suceda.

«Suceda lo que suceda». Vanessa cerró los ojos, intentando ahuyentar las imágenes que aquellas palabras le recordaban.

Ness: Te lo prometo. Y ahora… ¿dónde estás?

Britt: No puedo decírtelo. Vendrías a buscarme. Y eso es precisamente lo que quiere Derek -declaró con tono firme-. ¿Está Zac contigo?

Ness: Sí -abrió los ojos y lo miró-. ¿Quieres decirle a él dónde estás?

Britt: Pásamelo. Ah, una cosa más, Vanessa.

Ness: ¿Sí?

Britt: Te quiero.

Se le hizo un nudo en la garganta, y las lágrimas asomaron a sus ojos.

Ness: Yo también te quiero, Britt -le entregó el teléfono a Zac-.

Zac clavó en ella sus ojos azul cielo, consciente del enorme esfuerzo que le suponía dejar de escuchar la voz de su hermana.

Zac: Soy Zac, Brittany. Ness se quedará esperando en la comisaría de Grantsville, perfectamente a salvo. Ella no irá a buscarte. Te lo prometo. Solo irá el FBI, la policía y yo mismo. Dime dónde estás.


Zac detuvo el coche frente a la puerta principal de la comisaría y apagó el motor. Mantuvo la mirada fija al frente, sin volverse hacia Vanessa.

Con los dientes apretados y los brazos cruzados sobre el pecho, estaba quieta como una estatua. La furia y la desesperación resultaban visibles en cada uno de sus rasgos, de sus gestos.

Ness: Necesito ir allí, Zac. Por Brittany -le espetó por enésima vez desde que salieron de la casa de Levens-.

Zac: Ya te lo he dicho, Ness. Yo me encargaré de Brittany. Y también voy a encargarme de ti, para que no te pase nada.

Ness: ¿Manteniéndome al margen?

Zac: Efectivamente.

Ness: Pero tú mismo dijiste que el departamento entero del sheriff y toda la plantilla de agentes del FBI irán a la casa en la que se encuentra Brittany. No podría estar más segura en ningún otro sitio.

Zac: ¿En medio de un tiroteo? Lo dudo.

El simple hecho de imaginársela en una operación de rescate lo ponía enfermo de preocupación. Y eso suponiendo que todo saliera conforme al plan y pudieran reducir al asesino y salvar al mismo tiempo a Brittany. Porque si no lo conseguían… Intentó desechar esa posibilidad.

Zac: No quiero que vayas -insistió-.

Ness: Se trata de eso, ¿verdad? Simplemente no me quieres a tu lado. Y después de todo lo que ha pasado…

Zac pensó en lo muy equivocada que estaba. Claro que la quería a su lado. La quería en cualquier parte, siempre que estuviera con él. Pero eso era imposible.

Zac: Te quiero allí donde puedas estar a salvo. Y, ahora mismo, ese lugar está aquí, en la comisaría de Grantsville.

Ness: Separada de ti.

Zac: Sí.

Ness: ¿Es que anoche no aprendiste nada?

Zac: ¿Anoche? -exclamó sorprendido-. ¿Qué tiene que ver lo de anoche con todo esto?

Ness: Juntos somos más fuertes, Zac. Esperaba que anoche hubieras sentido eso.

Había sentido muchas cosas durante la noche anterior. Cosas asombrosas. Había sido una maravillosa fantasía, un sueño. Y si había aprendido algo… era que los sueños no podían durar. Tenía que regresar a la realidad.

Zac: Lo de anoche fue maravilloso. Pero eso no cambia nada.

Ness: Entonces, mientras estuvimos juntos… ¿no te sentiste más fuerte? ¿Es eso lo que estás diciendo?

Zac: Tú eres la que crees que juntos somos más fuertes, Ness. Yo no. Jamás me lo he creído.

Ness: Y nunca te lo creerás.

Zac: Supongo que no -un escalofrío le recorrió la espalda-.

Vanessa asintió lentamente, mirándolo a los ojos con la esperanza de descubrir en ellos una sombra de indecisión. Una señal, por leve que fuera, de que aún podía hacerlo cambiar de idea.

Zac le sostuvo la mirada. Sabía que Vanessa no encontraría lo que estaba buscando. Él no tenía nada que ofrecerle. Y por mucho que ella ansiara que las cosas fueran distintas, y por mucho que lo ansiara él… no podía cambiarlas.

Finalmente, Vanessa bajó del coche y cerró la puerta. Seguía lloviendo. Antes de entrar en la comisaría, se volvió para mirarlo. La lluvia resbalaba por el cristal de la ventanilla, como si fueran lágrimas. La luz todavía ardía en sus ojos, tan intensa y pura como siempre. Pero Zac ya no podía sentir su calor, ya no podía acariciar su rayo de esperanza. Ni gozar de su resplandor.

Tragándose el nudo que le atenazaba la garganta, la observó mientras entraba en la comisaría.


La lluvia le empapaba el pelo, chorreando hasta su cuello. Dominó un estremecimiento, con la mirada clavada en la casa de estilo Tudor apenas visible entre los árboles. No se oía sonido alguno, excepto el repiqueteo de la lluvia contra las hojas.

El peor día posible para una operación de rescate como aquella.

Eso suponiendo que Kane todavía tuviera dentro a su rehén. Suponiendo que no hubiera matado ya a Brittany.

Zac se pasó una mano por la cara. Tenía que rescatar a Brittany viva. Tenía que devolvérsela sana y salva a Ness. No podía darle a Ness la vida y la felicidad que se merecía, pero sí arrancar a su hermana de las garras de Kane. Y protegerla de paso también a ella.

Los agentes de la policía y del FBI se habían desplegado en torno a la casa. Zac se había escondido frente a la puerta principal. Sacó su pistola de la sobaquera. En cualquier otra circunstancia él no habría sido el primero en entrar, pero aquel caso era diferente. No iba a quedarse en un segundo plano, viendo cómo se desarrollaba la operación.

Donatelli y otros agentes se colocaron a su espalda. Dos más se escondieron a ambos lados de la puerta principal, en posición de disparo.

A una señal de Donatelli, el ruido de un cristal roto, procedente de la parte trasera de la casa, resonó en el aire. Seguido de una pequeña explosión.

Zac se tensó al oír el estallido del diminuto explosivo, utilizado para distraer la atención de Kane. Los dos agentes derribaron la puerta con respectivos martillos. Solo les bastó un golpe.

Zac se levantó como un muelle, echó a correr y entró en la casa. Lo siguieron varios agentes más. Pegado a la pared, con el corazón atronándole los oídos, la adrenalina corría a raudales por sus venas mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Cubierto por otros agentes, se dedicó a revisar el pasillo y las habitaciones.

Fue el primero en entrar en lo que parecía el dormitorio principal. Una figura humana yacía sobre la amplia cama, con las muñecas y los tobillos atados con cable al cabecero y a los pies. Al verla, el corazón le dio un vuelco en el pecho.

Brittany.

Estaba inmóvil. La palidez de su rostro contrastaba con su melena oscura, así como con la sucia blusa azul y los vaqueros rotos que llevaba. Sintió una punzada de terror. No podía haber llegado demasiado tarde. No podía. Corrió hacia la cama.

En aquel preciso instante, Brittany giró la cabeza y lo miró con ojos vidriosos.

Britt: ¿Zac?

Un inmenso alivio lo barrió por dentro como una marea. Gracias a Dios, estaba viva.

Zac: Te pondrás bien, Brittany -desató rápidamente sus ligaduras y la ayudó a sentarse-.

Parecía más delgada de lo que recordaba. Y más frágil. Se abrazó a él como un cachorrillo asustado.

Britt: Oh, Zac, lo siento, tanto, tanto… -comenzó a sollozar-.

Zac le acarició el pelo con exquisita ternura.

Zac: Estás a salvo. Tranquila. ¿Dónde está Kane?

Britt: No lo sé. Creo que se ha ido. Siempre me ata así cuando se va. ¿Dónde está Vanessa?

Zac: La llevé a la comisaría de policía, tal y como te dije por teléfono. Allí está segura.

Brittany asintió con la cabeza, entre sollozos. Donatelli entró en aquel momento en la habitación.

Vince: Kane se ha ido. No hay ningún coche en el garaje.

Zac maldijo para sus adentros. Tenía un mal presentimiento. Se volvió hacia Brittany. Agarrándola de los hombros, la miró fijamente a los ojos.

Zac: ¿Te dijo algo Kane acerca de lo que pretendía hacer?

Britt: No. No me dijo nada. Lo único que me decía era lo que iba a hacerme a mí. Y a Vanessa -cerró los ojos, sollozando de nuevo-. Mató a una mujer, Zac. Le dio caza en el bosque y la mató.

Zac desvió la mirada hacia los bosques que rodeaban la casa. Por la ventana, entre los árboles, alcanzó a distinguir una casa vecina. Kane no podía elegir aquel escenario para perseguir y matar a Fiona Hamilton. No con los vecinos tan cerca. Habrían escuchado sus gritos.

No, tenía que haber preparado otro escenario. Y si conseguía localizarlo, tal vez encontraría allí al propio Kane.

Zac: ¿Dónde lo hizo, Brittany? ¿Dónde dio caza a esa mujer?

Britt: No estoy segura. Era una cabaña. Me dejó atada dentro mientras la asesinaba -cerró los ojos y sacudió la cabeza, como intentando ahuyentar aquel recuerdo-.

Una cabaña. En una zona escasamente poblada.

Zac: ¿Había alguna foto en la cabaña, alguna pista que pueda ayudarnos a identificar al propietario?

Britt: No. Pero Derek dijo algo sobre él.

Zac: ¿Mencionó su nombre?

Un torrente de adrenalina circulaba por sus venas.

Britt: No. Solo me comentó que el propietario lo despellejaría si se enteraba de que habíamos ido allí.

Zac: ¿Por qué?

Britt: Porque odiaba a Derek. Y Derek lo había utilizado. Para escapar de la cárcel, me parece.

«Levens».

De repente recordó los aparejos de pesca que había visto en la casa del guardia. Levens debía de poseer una cabaña en el campo. Una cabaña que Kane había conseguido localizar de alguna manera. Y después de escapársele delante de sus narices, Kane no había podido resistir la tentación de restregarle su victoria en la cara utilizando su refugio para sus cacerías humanas. Zac se volvió hacia Donatelli.

Zac: Levens debe de tener una cabaña de pesca por la zona.

Vince: La encontraremos.

Luego se volvió hacia Brittany.

Zac: ¿Cuándo se marchó Kane?

Britt: Poco después de que yo hablara contigo por teléfono.

Zac: ¿Qué? -fue como si una mano helada le acariciara la espalda-. ¿Crees que pudo haber oído nuestra conversación?

Brittany negó con la cabeza.

Britt: Estaba fuera. Me metí en el dormitorio para usar el teléfono. No se enteró de que llamé -lo miró con expresión aterrada-. No pudo haberse enterado. Se habría puesto furioso si lo hubiera descubierto. Me lo habría impedido…

Pero Zac no estaba tan seguro. Kane no cometía errores. Era demasiado inteligente para dejar que Brittany tuviera acceso a un teléfono, a no ser que su intención fuera precisamente esa: que llamara pidiendo ayuda.

Zac: ¿Hay alguna otra extensión en la casa?

Britt: En la cocina -de repente abrió mucho los ojos-. ¿No creerás que…? -se llevó una mano a la boca-.

Zac: ¿Que estuvo escuchando la conversación? -se obligó a pronunciar las palabras, a pesar del nudo de pánico que le apretaba la garganta-. Sí, lo creo. Y sabe exactamente dónde está Ness.

Exactamente donde él la había dejado.

Con la mejor de las intenciones.


Vanessa se derrumbó en la silla, familiar a esas alturas, del vestíbulo de la comisaría de Grantsville. El pequeño edificio se hallaba sumido en un absoluto silencio, apenas roto por el tecleo de la antigua máquina de escribir de la oficina. Cerró los puños mientras se esforzaba por dominar la tensión que la atenazaba. Detestaba no saber lo que estaba pasando. Detestaba las interminables preguntas sin respuesta que acribillaban su cerebro. ¿Habrían llegado a tiempo de rescatar a Brittany? ¿Estaría sana y salva? ¿Habrían capturado a Kane?

Por enésima vez durante la última hora, se aseguró de que llevaba el móvil encendido. Zac la llamaría pronto para informarla de todo. Seguro que la necesidad que sentía de excluirla de su vida no llegaría hasta el punto de negarle una información tan básica.

«Zac».

Se mordió el labio. El vacío que reverberaba en su pecho parecía intensificarse a cada latido de su corazón. Cuando vio que Zac se empeñaba en dejarla allí, en la comisaría, había tenido que enfrentarse con sus peores temores. Jamás se convencería de que podía llevar una vida mejor. Jamás daría una segunda oportunidad a su relación. Jamás se creería que juntos podrían ser más fuertes. Más felices.

Tal vez, desde el principio, sus esfuerzos habían estado destinados al fracaso. Quizá lo había visto, pero no había querido renunciar. No había querido aceptar que Zac nunca más volvería con ella. Que nunca más podrían estar juntos.

Ahora ya no había remedio. Zac había tomado la decisión por ella. Volvería a su solitaria vida. Y ella tendría que esforzarse por reconstruir la suya. Sola. No habría final feliz. Al menos para ellos.

Pero sí habría un final feliz para Brittany.

Entrelazando las manos sobre el regazo, murmuró una oración.

Una puerta se abrió en el vestíbulo. El jefe de policía de Grantsville asomó la cabeza para asegurarse de que se encontraba bien.

John: ¿Qué tal, profesora?

Vanessa se levantó rápidamente.

Ness: ¿Ha recibido alguna noticia?

John: Ninguna -sonrió a modo de disculpa. Vanessa volvió a sentarse, abatida-. Lo siento.

Ness: No es culpa suya. Es que estoy un poco nerviosa -con un colosal esfuerzo, se obligó a sonreír-.

Aquel joven había sido lo suficientemente amable como para acogerla en aquella comisaría y proporcionarle protección. Tenía que tranquilizarse.

John: La avisaré en el momento en que sepa algo. No se preocupe.

Ness: Gracias, John.

John: De nada -su sonrisa se amplió-. Escuche, voy a salir al bar de la esquina a por unos sándwiches. ¿Le apetece uno?

Sándwiches. Comida. Miró su reloj. Era más de la una. Había perdido completamente la noción del tiempo.

Ness: No, gracias. No tengo hambre.

John: ¿Está segura? Necesita comer.

Ness: Sí, estoy segura. Gracias de todas formas.

John: Le conseguiré uno por si acaso después cambia de idea. El bar está muy cerca. Estaré de regreso antes de que se dé cuenta. Don está en la oficina de atrás. Él la informará si se recibe alguna noticia.

Ness: Gracias una vez más.

Esbozando otra amable sonrisa, Rogers salió de la comisaría. Vanessa volvió a dejarse caer en la silla. Se sentía tan impotente… Odiaba no saber nada. Odiaba tener que quedarse sentada, esperando.

Y todo estaba tan silencioso… Incluso el tecleo de la máquina de escribir de Don había cesado. No había ruido alguno que la distrajera, que la arrancara del terrible rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Pensamientos sobre lo que podía estar sucediendo en aquel preciso instante, mientras ella estaba esperando allí, en aquel vestíbulo, sola. Pensamientos sobre lo que ocurriría en el futuro, una vez que Kane fuera capturado, una vez que Zac cumpliera con su misión, una vez que se marchara nuevamente. Dejándola sola, esforzándose por reconstruir su vida.

Por curar su corazón roto…

De repente, la sobresaltó un sonido procedente del otro lado de la puerta por la que acababa de salir Rogers. Se irguió, intentando identificarlo. ¿Sería el portazo de un coche? ¿Alguien que acababa de llegar?

¿Podría ser Zac? ¿Habría vuelto? ¿Traería a Brittany consigo?

Se levantó de la silla justo en el instante en que alguien abría la puerta.

Unos ojos azules se clavaron en ella como cristales de hielo. Una sonrisa asomó a sus labios finos, crueles. Y una mano empuñó un cuchillo. Un cuchillo con la brillante hoja llena de sangre.

En alguna parte en el fondo de su cerebro, escuchó el rumor de una radio, en la oficina trasera. Y la voz de Zac gritando algo. Avisando de que Kane estaba en camino hacia allí.




Ahora sí que se ha puesto feo el asunto. ¿Llegará Zac a tiempo?
Seguro que es lo que os preguntáis todas.
Pero para descubrirlo tendréis que comentar mucho. En el anterior solo tuve dos. ¿Qué os ha pasado?
¡Espero tener más en este!

¡Un besi!


viernes, 26 de julio de 2013

Capítulo 12


Zac se sumergió en la ternura de aquellos dedos. Había soñado con aquellas caricias tantas veces durante los dos últimos años… O con la luz que brillaba en sus ojos cuando lo miraba. Y ahora estaba allí, ofreciéndole todo lo que tanto había deseado. Todo lo que necesitaba. Y lo único que tenía que hacer era extender una mano y tomarlo.

Tragó saliva, con la garganta seca. Lo que habría dado por recuperar aquella luz. Por capturarla para devolverla a su alma. Para borrar la oscuridad de su realidad cotidiana… aunque solo fuera por una noche.

Lo que habría dado por un indulto… temporal.

Un temor lo sacudió en lo más profundo. Deslizó una mano por su brazo, siguió luego por su hombro y acabó en su rostro, acariciándole la mejilla. Sus ojos brillaban en la habitación en penumbra. Y cuando se encontraron con los suyos, Zac volvió a ver en sus profundidades aquella luz pura, limpia, imperturbable.

No podía hablar, ni moverse. Lo único que podía hacer era mirar aquellos ojos. Unos ojos que en el pasado lo habían nutrido, sostenido, fortalecido aun en medio de la oscuridad. Unos ojos que, en aquel instante, estaban buscando en los suyos la respuesta a su ofrecimiento.

El corazón le dio un vuelco en el pecho. Su vida se había convertido en un solitario infierno. En un ejemplo de perseverancia. Y de privaciones. Y eso no podía cambiarlo. Nunca podría.

Pero sí podría aceptar lo que le ofrecía.

Podría disfrutar de aquella maravillosa luz por una sola noche. Podría empaparse de su energía, almacenarla en su corazón y alimentarse de ella para cuando volviera a la oscuridad. Vio que ladeaba la cara, alzando la barbilla. Con los labios entreabiertos, invitadores. Y aquellos ojos ardientes, iluminados por la esperanza…

Tomándola de la nuca, se inclinó hacia ella y la besó en los labios. Su boca sabía a miel. Suave y tierna como una larga y plácida noche. Una noche de cielo limpio, despejado, adornado de estrellas. Una noche libre de pesadillas.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que experimentó aquella misma sensación, desde que se permitió sentir algo más que furia y tristeza. Era una sensación que casi le dolía. Dolorosa en su intensidad. Una deliciosa agonía.

Y quería más.

Interrumpiendo el beso, la llevó a uno de los dormitorios. Y Vanessa se dejó llevar, deseosa, dispuesta.

Entraron en una habitación tan delicada y femenina como la propia Ness. Una cama con la colcha bordada, con encajes. Velas en la mesilla. Sus pies se hundían en la mullida alfombra.

Un fresco aroma a lilas lo barrió como una dulce marea. La atrajo hacia sí. Su cuerpo se adaptaba perfectamente al suyo. Su calidez se derramaba sobre su piel. Sí, allí estaba. La fragancia de su cabello, de su piel. Su aroma.

Y aun así, quería más.

Apartándose de ella solo por un instante, se despojó de la sobaquera y de la camisa. Ness se le acercó, acariciando con la mirada su torso desnudo. Deslizó los dedos por su cuello, descendiendo lentamente hasta su pecho, sintiendo el acelerado latido de su corazón.

Zac le sujetó entonces la muñeca. Acercándola hacia sí, le colocó el brazo en torno a su cuello. Y la abrazó con todas sus fuerzas, envolviéndola, apretándola, amoldándola contra su cuerpo. Su fino suéter de algodón le acariciaba el pecho desnudo. Y su calor penetraba a través del tejido, calentándolo como el primer rayo de sol calentaba la tierra helada por un largo invierno.

Ansiaba acariciarla por entero, toda ella. Le quitó el suéter. Recorriendo su sedosa piel con los dedos, le deslizó los tirantes del sujetador por los hombros. Hasta que soltó el broche y la prenda cayó al suelo.

La luz de la luna, filtrándose a través de las cortinas de encaje, acentuaba la perfección de sus senos desnudos. Comenzó a acariciárselos, deleitado con su tersura, excitando y endureciendo los sensibles pezones.

Un gemido escapó de los labios de Vanessa. Un gemido de placer, de necesidad. Sus dedos buscaron y encontraron la cintura de sus pantalones. Tentativamente se dedicó a desabrochárselos, indecisa, como esperando que de un momento a otro se apartara de nuevo. O la rechazara.

No tuvo que preocuparse por eso.

Fue el propio Zac quien se los quitó, sin perder el tiempo. Y los calzoncillos siguieron el mismo camino. Hasta que quedó completamente desnudo ante ella.

Vanessa deslizó las manos por su pecho, por su vientre plano, duro. Frotando, acariciando. Zac estaba ardiendo ya de deseo. De urgencia. Palpó la cintura de sus vaqueros. Quería verla toda ella, acariciarla por completo. Le bajó los pantalones y las bragas por los muslos.

Ya estaba. Ahora los dos estaban completamente desnudos, frente a frente. Nada los separaba. Se tumbaron en la cama.

Vanessa entreabrió las piernas.

Un dulce tormento se apoderó de Zac. Comenzó a moverse contra su húmedo sexo, contra el centro de su deseo. Frotándola, excitándola, abrasándola. Sin dejar de besarla en los labios, respirando el aroma de su pelo. Sumergiéndose en su alma.

Ness se aferraba a sus hombros, jadeante.

Ness: Por favor, Zac -le suplicó alzando las caderas-.

Fue entonces cuando se enterró en ella. Ness lo envolvió por completo, fundida con su cuerpo.

A continuación, se retiró. Luego volvió a entrar, más profundamente, y se retiró de nuevo. Cada vez que lo hacía, Ness reclamaba su cuerpo, desesperada de deseo. Y él la satisfacía, hundiéndose en ella. Más fuerte a cada embestida.

Enredó las piernas en torno a su cintura, atrayéndolo hacia sí. Atrayéndolo a su calor, a la llama que ardía en su interior… Hasta que Zac se sintió estallar. Hasta que todo se consumió. Todo excepto ella. Excepto ellos. Y aquella luz blanca, pura.


Para cuando el sol de la mañana bañó la habitación, sacando a Vanessa de su profundo sueño, Zac ya no estaba. Suspiró profundamente, saboreando el aroma de su cuerpo que impregnaba las sábanas. Los recuerdos de aquella noche de amor.

Zac la había necesitado aquella noche. La había necesitado tanto como ella lo había necesitado a él. Para aliviar su dolor. Para recordarle lo dulce que podía llegar a ser la vida. Para proporcionarle un respiro, por muy corto que fuera.

Cerró los ojos. ¿Por qué no podía darse cuenta Zac de la vida tan maravillosa que podrían llevar juntos? ¿De lo fuertes que podrían llegar a ser? Si él también hubiera sentido aquella fuerza, la fuerza que había surgido de su unión…

Quizá la había sentido.

Casi tenía miedo de hacerse esperanzas. Suspirando, abrió los ojos y se levantó de la cama. No tenía tiempo para soñar. Probablemente Zac llevaría ya varias horas repasando los informes del FBI, buscando alguna pista sobre el paradero de Kane, y ella necesitaba ayudarlo.

Después de tomar una ducha rápida, se puso la blusa roja de seda y los vaqueros que sacó de su maletín. Y se fue a buscar a Zac.

Nada más abrir la puerta, aspiró deleitada el aroma del café procedente de la cocina. Descalza, bajó las escaleras. Lo encontró en el comedor. Había preparado una enorme jarra de café. Y al lado había una taza vacía, esperándola.

Y no solamente la estaba esperando la taza. También había un asiento libre. Preparado para ella.

Zac alzó la mirada del informe que estaba leyendo. Recién afeitado, llevaba una camisa almidonada, con corbata. Y la conocida sobaquera con la pistola.

Zac: Buenos días.

Aunque tenía el ceño levemente fruncido, Ness creyó detectar en su voz un tono suave, cálido. Un tono que no había existido el día anterior.

Ness: Buenos días -cruzó la habitación y se detuvo a su lado-.

Ansiaba darle un beso, saludarlo como habría hecho una amante, segura del amor de su pareja. Pero no se atrevió. Lo que habían compartido la noche anterior era todavía demasiado nuevo, demasiado frágil para que pudiera soportar la dura realidad de la mañana.

Limitándose a apoyar una mano sobre su hombro, ojeó el informe que había estado leyendo. Atestados policiales. Entrevistas a testigos. Pero de repente Zac lo cerró de golpe.

Vanessa se mordió el labio. Había concebido la esperanza de que algo hubiera cambiado entre ellos durante la noche anterior. Pero quizá eso había sido esperar demasiado.

Luego vio que sacaba una abultada carpeta de la caja que tenía a los pies y la dejaba encima de la mesa. Alzó la mirada hacia ella, sonriendo.

Zac: Son recortes de periódicos. Para que los leas mientras desayunas.

Ness intentó disimular la sonrisa que asomó a sus labios. Sí. Algo había cambiado aquella noche. Por muy pequeño y frágil que fuera, había algo nuevo, distinto.

Ness: Gracias.

Zac levantó la jarra y le sirvió café. Nada más sentarse, Ness tomó un sorbo. Necesitaba aquella dosis de cafeína para despejarse la cabeza. Bajó la mirada a la carpeta de recortes. Suspirando profundamente, comenzó con el primer artículo.

Trataba de la desaparición de Ashley Dalton, una estudiante de bioquímica, de veintiséis años. Su compañera de habitación la había visto por última vez cuando se dirigía a la estación de autobuses. Ashley había planeado volver a su pueblo para pasar el fin de semana con sus padres y sus dos hermanas. Cuando el autobús llegó sin ella, los Dalton informaron de su desaparición a la policía. El artículo estaba escrito en un estilo seco, breve, pero lo que más impresionó a Vanessa fue la foto de la joven.

Aunque no exactamente preciosa, el rostro de Ashley Dalton desbordaba un entusiasmo por la vida innegablemente atractivo, presente sobre todo en sus ojos vivaces, luminosos. Una viveza y una luz que Kane le había arrebatado para siempre.

Fue revisando otras informaciones sobre su desaparición antes de llegar al artículo que informaba de que su cuerpo había sido encontrado por un cazador. Con un nudo de angustia en la garganta, siguió adelante. El siguiente artículo recogía varias fotografías sobre el funeral de Ashley y detalles sobre la investigación en ciernes. Leyó el texto antes de concentrarse en las fotos.

La primera era otra instantánea de Ashley en la que también aparecía feliz, radiante. En la segunda aparecía un inspector de policía en el bosque donde había sido hallado el cadáver. Vanessa estaba a punto de preguntarle a Zac si lo reconocía cuando la tercera foto llamó poderosamente su atención.

Era del funeral. Los padres de Ashley se hallaban en la puerta de la iglesia, abrazando a sus hijas pequeñas como temiendo que fueran a correr la misma suerte que su desgraciada hermana. Detrás, sin embargo, un rostro familiar llamó su atención sobre todos los demás. Un rostro de forma cuadrada y ojos expresivos, con la mirada baja, dolida.

Charles Levens. Soltó una exclamación.

Zac: ¿Qué has visto? -le preguntó apresurándose a mirar la foto-.

Ness: Mira -le señaló el rostro-. Es Charles Levens, el guardia de la prisión.

Zac: Es verdad.

Vanessa se vio asaltada por cientos de preguntas. ¿Qué habría estado haciendo Charles en el funeral de la primera víctima de Kane? ¿Era posible que ya entonces tuviera algún tipo de vínculo con él, dos años antes de que fuera capturado? Recordó el odio que el guardia parecía profesarle a Kane. No, no podía ser. No podía haberlo ayudado.

De repente, recordó sus palabras exactas durante el interrogatorio al que le sometió Zac: «jamás le hice favor alguno a Kane, ni le di nada. Aunque me habría gustado darle algo, sí… Una bala en la cabeza». Se estremeció visiblemente.

Cuando su mirada se encontró con la de Zac, comprendió que él estaba pensando lo mismo. Sin decir una palabra, sacó otra carpeta de la caja y comenzó a revisarla. Hasta que encontró un informe y se lo mostró a Vanessa.

Zac: Ashley Dalton tenía un novio. Al principio la policía lo incluyó entre los sospechosos. Pero luego lo descartó.

Bajó la mirada al informe y leyó el nombre de la persona que había sido interrogada. Charles Levens.

Miró luego a Zac. De pronto lo veía todo claro. El intento de Charles por evitar que Brittany se casara con Kane. Su odio hacia el asesino. Sus comentarios acerca de que se merecía la muerte. Todo cobraba sentido.

Ness: Kane mató a la novia de Charles. Y Charles quiere venganza.


Zac conducía a toda velocidad. En el espejo retrovisor la casa rural se alejaba a cada segundo, hasta disolverse en la mancha verdosa del bosque que la rodeaba. A su lado, Ness no había pronunciado una sola palabra desde que descubrieron el rostro de Levens en la fotografía del funeral de Ashley Dalton. Simplemente se había limitado a hacer el equipaje mientras él telefoneaba para avisar de que la trampa quedaba suspendida. Por el momento.

Maldijo una vez más a Charles Levens. No solamente había ayudado a Kane a escapar, por culpa de un equivocado sentido de la justicia. Con ese acto había provocado dos muertes, además de que la vida de Brittany seguía amenazada.

Y había puesto en peligro la vida de Ness. Solamente por eso, habría merecido que lo estrangulara con sus propias manos. Se pasó una mano por el pelo, esforzándose por controlarse. Tenía que pensar, tenía que concentrarse en cómo podría utilizar a Levens para localizar a Kane. Tenía que hacer todo lo posible para salvar a Brittany. Y librar a Ness de la amenaza del asesino.

La miró de nuevo. A pesar de todo lo que había pasado, no podía dejar de pensar en lo que había sucedido entre ellos durante la noche anterior. Todavía podía oler la dulce fragancia de su cabello, saborear la deliciosa tersura de sus senos, sentir el resplandor de su luz blanca y pura, envolviéndolo. Como un hambriento al que de pronto hubieran sentado ante un banquete, se había llenado de su esencia, de su energía.

Pero, la noche anterior, no se había saciado. Había querido más. Y ahora también quería más. Incluso el hecho de tenerla sentada a su lado lo llenaba de aquella maravillosa calidez, de aquella increíble luz.

Y eso era lo que lo preocupaba. Porque ahora que había gozado nuevamente de aquella luz… ¿cómo podría volver a vivir sin ella? Se obligó a concentrarse en la carretera y en el asunto que tenía entre manos. No podía responder a esa pregunta. Al menos por el momento.

Lo que tenía que hacer ahora era encontrar a Kane. Y a Brittany.

Gotas de lluvia empezaron a salpicar el parabrisas, convirtiendo la tortuosa carretera en una brillante serpiente negra. Los árboles pasaban veloces a cada lado, confundidos en un desdibujado mosaico de colores verdes y pardos.

Por fin llegaron a la autopista. Y Ness salió al fin de su silencio.

Ness: ¿Crees que se nos adelantará el FBI?

Zac: Probablemente -habría preferido encararse con Levens en la prisión. Pero era el día libre del guardia, de modo que no les había quedado otra opción que ir a buscarlo a su casa-. La gente del departamento del sheriff también estará allí. Para cuando lleguemos, seguro que ya habrán arrestado a Levens.

Ness: Déjame hablar con él, Zac. A mí me dirá cosas. Sé que lo hará. Me ayudará a salvar a Brittany.

Zac apretó los dientes. No le gustaba la idea de implicar a Ness en aquello, pero ella tenía razón. Levens la apreciaba, le tenía cariño. Además, probablemente se sentiría culpable del perjuicio que le había causado con su irresponsable comportamiento. Y del peligro que amenazaba a su hermana. Si alguien podía lograr que confesase lo que había hecho y lo que sabía acerca de Kane, esa era Ness.

Vio que Vanessa asentía con tono resuelto. Tampoco le pasó desapercibida la leve sonrisa que asomó a sus labios.

Ness: Trabajaremos juntos, Zac.

«Juntos».

Se pasó una mano por el pelo. Él solo podía pensar en una cosa. En hacer su trabajo. Encontrar a Kane. Salvar vidas. Solo podía concentrarse en lo que era real.

Un coche de color verde oscuro estaba bloqueando un cruce en las cercanías de la casa de Levens. Evidentemente, era de la policía. Zac frenó bruscamente y sacó su credencial por la ventanilla.

**: El agente especial Donatelli me informó de que lo estaba esperando -le comunicó el policía-.

Zac: ¿El sospechoso está bajo custodia?

**: Sí. En la casa. Adelante -y se hizo a un lado para dejarlo pasar-.

Zac aceleró hacia la pequeña casa que se levantaba al fondo. Había una fila de coches aparcados a lo largo del sendero de entrada. Los agentes federales y los del departamento del sheriff.

Detuvo el coche y se volvió hacia Ness.

Zac: Vamos.

Apretando los labios, Vanessa abrió la puerta y lo siguió. Caía una lluvia fría, persistente. Subieron los escalones del porche. Dos agentes montaban guardia en la puerta.

*: Los están esperando en el salón -les informó uno de ellos-.

Zac asintió, y entraron. El vestíbulo, sumido en la penumbra, estaba forrado de paneles de madera oscura. Subieron la escalera y llegaron al salón. Al lado de la puerta había unos aparejos de pesca en el suelo, que tuvieron que sortear para pasar. Levens se hallaba de pie en una esquina. Sacudía la cabeza lentamente, como si no pudiera comprender por qué le estaba pasando todo aquello precisamente a él. Tenía las manos esposadas a la espalda, y estaba rodeado de agentes. Donatelli se hallaba frente a él.

Cuando el guardia descubrió a Ness, una expresión de inmenso pesar cruzó por su rostro. Bajó rápidamente la mirada.

Charles: Lo siento, profesora.

Ness se plantó también frente a Levens. El guardia le sacaba más de una cabeza de estatura, pero tenía un aspecto tan abatido que a su lado casi parecía más pequeño. Irguiéndose, lo miró a los ojos.

Ness: ¿Qué ha pasado, Charles?

Charles: Yo no quería que ese canalla le hiciera ningún daño a su hermana, se lo juro. Tiene que creerme. Yo nunca quise que todo esto sucediera…

Ness: Lo sé. Lo que no sé es por qué lo ayudaste a escapar.

Charles: Yo no lo ayudé -masculló rechinando los dientes de rabia-. Le juro que jamás lo ayudé.

Ness: Sí que lo ayudaste, Charles. -En esa ocasión no dijo nada. Simplemente se ruborizó-. ¿Por qué lo hiciste? -insistió-. Si lo hubieras matado, te habrían encarcelado por ello.

Levens la miró. Le brillaban los ojos por las lágrimas mientras se esforzaba por mantener el control.

Charles: Ashley no se merecía lo que le hizo ese canalla. Y yo quería hacérselo pagar. Tiene que pagar.

Ness: Estaba en la cárcel, Charles. Ya estaba pagando.

Charles: ¿A eso lo llama pagar? ¿Tres comidas al día, televisión, gimnasio, libros? ¿Favores especiales de los guardias? ¿Una chica guapa con la que casarse? -resopló de furia-. Se merece al menos una pequeña parte del infierno que le hizo pasar a Ashley y a las otras chicas. Se merece la muerte.

Ness: Quizá -comentó sacudiendo la cabeza-. Pero lo cierto es que mientras estaba en la cárcel, Brittany se hallaba a salvo.

Charles: Yo no quería que se escapara. Ni que secuestrara a su hermana. Lo que quería era que sufriera. Que muriera.

Ness: Entonces… ¿qué es lo que salió mal?

Charles: Lo dejé entrar en el camión de la basura, me largué y esperé a la primera parada. Cuando me detuve y bajé a buscarlo, ya no estaba. De alguna manera, consiguió escapar. Tuvo que haber saltado en marcha.

Zac: ¿No se le ocurrió que podía escaparse? ¿No pensó en ese riesgo? -le preguntó incrédulo-.

Charles: No entiendo cómo pudo hacerlo. El recorrido de la primera parada transcurre por autopista, y en ningún momento bajé de los noventa kilómetros por hora. Estaba seguro de que no podría saltar a esa velocidad sin romperse la cabeza -se volvió hacia Ness, mirándolo con unos ojos fríos, sin vida. Como si su alma hubiera sido consumida por el odio-. Lo siento.

Viendo aquella mirada, Zac sintió un amargo sabor en la boca. Entendía perfectamente lo que había hecho Charles. Entendía perfectamente sus razones. El odio, el arrepentimiento, el fracaso. Lo entendía demasiado bien.

Zac: ¿Tiene alguna idea de dónde puede estar ahora Kane?

Charles: No -el guardia cerró los ojos, derrotado-. Si la tuviera, ya lo habría matado con mis propias manos.

De repente sonó un teléfono móvil. Zac se llevó una mano a su cinturón, pero el piloto no estaba encendido.

Zac: No es el mío.

Donatelli miró el suyo, negando con la cabeza. El móvil volvió a sonar. Era el de Ness.

Ness: Me había olvidado de que lo llevaba -lo sacó del bolsillo de su cazadora-. ¿Diga? -Estremecido, Zac vio que palidecía visiblemente-. Brittany, ¿eres tú?




Oh my God!
Con lo bien que había empezado el capi y ahora esto =S
Bueno, Britt llamó a Ness. Podría ser algo bueno... o malo.

¡Gracias por los coments!
Todavía quedan muchas cosas por pasar, ¡así que seguid haciéndolo!

Lau, ya se que lo haces para molestarme XD. Pero lo que consigues es hacerme reír XD.
Como cuando me has dicho lo de la serie de AXN. Tu familia debió pensar que estás loca XD.
Aquí tenemos también ese canal, pero es de pago.
Bueno, cuando empiece esa serie la miras a ver si es igual que esta nove.

¡Comentad!
¡Un besi!


miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo 11


Las densas ramas de los robles se cernían sobre la tortuosa carretera, ocultando la luz de la luna. Zac conducía en silencio, pensando en la mujer que estaba sentada a su lado. Utilizar en contra de Ness sus propias palabras había sido un truco muy sucio, pero no había dudado en hacerlo con tal de persuadirla para que aceptara su plan. Porque jamás habría consentido que se enfrentara sola a Kane.

Se permitió mirarla por un momento. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, como protegiendo su dulce y sensible corazón. No había pronunciado más de dos palabras desde que subió a su coche. Y él tampoco. Quizá no había nada que decir. Ni nada que hacer excepto esperar.

Aspiró su delicioso perfume a lavanda, pero no consiguió con ello aflojar la tensión que atenazaba sus músculos. Solo logró aumentarla. Si pudiera frenar el coche en aquel preciso momento y dar media vuelta… si pudiera alejar a Ness de Kane, de la trampa del FBI, del peligro… Si pudiera dejar todo aquello atrás…

Se perderían. Se perderían en algún lugar donde ni Kane ni el FBI pudieran encontrarlos. Comprarían una casa, fundarían una familia y serían felices… tal y como en el pasado habían planeado. Como siempre habían soñado.

Pero eso era imposible.

Incluso aunque hubieran podido escapar, Zac jamás habría podido dar la espalda a la gente que lo necesitaba: a las víctimas y a sus familiares. Jamás habría podido olvidar la muerte y la crueldad. Dos años atrás, había renunciado a aquellos sueños. Y, desde entonces, su vida no había cambiado. Eso era algo que tenía que aceptar.

Pero de alguna forma, al calor de la presencia de Ness, sentía verdaderas ansias de olvidarlo todo: Kane, Brittany, la trampa del FBI. Ansiaba estrecharla en sus brazos y no volver a separarse de ella nunca más.

El túnel formado por las ramas de los robles se abrió de pronto para descubrir un claro, bañado por la luna. Una elegante casa rural de estilo victoriano se levantaba en su centro, rodeada de césped, como una joya engarzada. Una torre redonda apuntaba hacia el cielo. En el porche principal, un banco de columpio se balanceaba al empuje de la brisa. La Posada de la Lila. Detuvo el coche.

Ness: Es preciosa.

Zac: Sí.

Era preciosa. Y romántica. Pero, esa noche, aquel romántico escenario estaba amenazado por una abrumadora sensación de peligro.

Ness: Me recuerda a aquel lugar de la Bahía Chesapeake… Donde pasamos nuestra luna de miel.

Zac lo recordaba. Demasiado bien. Había hecho la reserva antes de partir para Wisconsin. Antes de sumergirse en la investigación sobre el asesinato de cinco estudiantes universitarias. Antes de que Kane se infiltrara en su cerebro y le contaminara el alma.

Cuando regresó, canceló la reserva. Canceló la boda. Y su futuro.

Se obligó a volver a la realidad. Una amplia extensión de césped bien cuidado rodeaba la casa antes de dar paso a un bosque denso y oscuro. El lugar era perfecto.

A su lado, Ness siguió la dirección de su mirada, hacia el bosque. Y se estremeció.

Ness: ¿Crees que Kane nos estará acechando… ahí fuera?

Zac: Esta noche, no. No es tan estúpido. Sabe que tenemos decenas de policías y de agentes destacados por toda la zona. Esperará hasta que bajemos la guardia. Hasta que se convenza de que no lo estamos esperando.

Vanessa asintió, pero no despegó los ojos de aquella negrura.

Se mordía el labio inferior, como solía hacer siempre que estaba preocupada.

Zac ansió estrecharla entre sus brazos, aliviarla a besos de aquella tensión…

Pero ese era un anhelo que no podía satisfacer.


Temblando por dentro, Vanessa entró en una de las habitaciones de la casa rural. La cama de dosel tenía unas preciosas cortinas de tul blanco. Un delicioso aroma a lilas impregnaba el aire. Y al otro lado de la puerta abierta del cuarto de baño, podía distinguir las velas que rodeaban una enorme bañera.

Habría querido que el FBI la hubiera encerrado en una horrible mazmorra. Habría preferido eso a aquel romántico escenario que debería compartir con Zac… esperando a que Kane apareciera en cualquier momento para poner fin a sus ilusiones. A sus esperanzas.

Se obligó a caminar hasta la ventana. Descorriendo las cortinas con manos temblorosas, contempló las dos filas de luces que rodeaban el sendero de entrada. Una sombría figura se dirigía hacia la casa, llevando una pesada caja. Habría reconocido la silueta de Zac en cualquier parte. Esa noche, sin embargo, sus movimientos eran tensos, entorpecidos, no tan fluidos como de costumbre. Parecía encogido sobre sí mismo, como si estuviese protegiendo una herida. Sufría. Era obvio.

Sintió una opresión en el pecho. Los últimos días habían sido como un horror amontonado tras otro. El secuestro de Brittany. Las amenazas de Kane. Los asesinatos de Fiona Hamilton y del agente Palmer. Y ahora la preocupación de que Zac estuviera arriesgando su vida por ella.

Y sin embargo, a pesar de todo ello, aún podía aferrarse a una esperanza. La esperanza de que pudieran detener a Kane y rescatar a Brittany. Sabía que, tarde o temprano, aquella pesadilla terminaría. Y el sol volvería a salir, imponiéndose a las tinieblas.

Zac, sin embargo, ni siquiera tenía ese consuelo. Cuando aquel caso terminara, se concentraría en la captura de otro asesino múltiple. Y a ese asesino seguiría otro, y otro más. Se abismaría en la crueldad de otros asesinos, y en el horror de sus víctimas. Viviría para siempre sumergido en las tinieblas.

Y lo peor de todo era que tendría que recorrer solo aquel camino.

Se estremeció. No alcanzaba a imaginarse la vida que debía de haber llevado durante aquellos dos años, desde la primera vez que trabó contacto con la maldad de Derek Kane. Desde que la alejó de su lado. Día tras día enfrentándose a horrores innombrables. Noche tras noche enfrentado a la oscuridad. A las tinieblas.

Y a esa vida tendría que regresar cuando terminara con Kane. A no ser que ella pudiera convencerlo de que no tenía por qué estar solo. De que juntos estarían mejor. De que juntos serían más fuertes.

Dejó caer la cortina de la ventana. Sería inútil. Dos años atrás, Zac no se había permitido creer en eso. Y no había ningún motivo para esperar que ahora sí pudiera permitírselo. Pero no podía dejarlo solo en aquella oscuridad, en aquel mundo de tinieblas. No lo haría. Al menos, tenía que intentarlo.

Suspirando, salió del dormitorio y entró en el salón contiguo, que estaba comunicado por una escalera con el piso inferior. Zac acababa de dejar la caja sobre una mesa. Irguiéndose, se volvió para mirarla.

Zac: ¿Qué tal te encuentras?

Ness: Bien -mintió-. Las habitaciones son una maravilla.

Zac: Sí que lo son -el farol que colgaba del techo iluminaba sus rasgos duros. Seguía tenso, rígido-. Abajo hay algunos sándwiches, si tienes hambre.

Ness: Gracias, pero no tengo apetito.

Zac: ¿Y sed? También hay limonada.

Ness: No, gracias -miró la caja que había dejado sobre la mesa-. ¿Los informes de Kane?

Zac: Sí. Pensé que sería mejor repasarlos. Tal vez me haya pasado desapercibido algún dato relevante. Alguna pista que nos permita localizarlo.

Ness: Me gustaría ayudarte.

Zac: Son informes confidenciales del FBI, Ness.

Sabía perfectamente lo que eran. Y también sabía que la principal razón por la que no quería que lo ayudara a repasarlos tenía más bien que ver con las horribles imágenes que contenían. Con las fotografías de los crímenes de Kane. En cualquier caso, no tenía ganas de discutir.

Ness: ¿Cómo ha sido tu vida durante estos dos últimos años, Zac?

Zac: ¿Qué quieres decir? -le preguntó a su vez, frunciendo el ceño-.

Ness: ¿Qué es lo que sueles hacer? En un día normal, por ejemplo.

Zac: Trabajar mucho.

Eso era obvio. Estaba segura de que trabajaba todas las horas del día. Y que dormía poco.

Ness: ¿Eso es todo lo que haces?

Zac: Voy al gimnasio.

El gimnasio, por supuesto. El ejercicio físico siempre había sido su manera de combatir el estrés. Y a juzgar por sus abultados bíceps, durante los dos últimos años debía de haberse ejercitado bastante.

Ness: ¿Haces algo más… aparte de trabajar y de ir al gimnasio?

Zac: No tengo tiempo para nada mas -dándole la espalda, se puso a revisar los informes-.

Tal como había sospechado. Una vida inmersa en la oscuridad. En las tinieblas.

Ness: ¿Y por qué no te lo buscas?

Zac: ¿Buscarme tiempo para qué, Ness? -suspiró frustrado-. ¿Para hacer calceta?

Ness: Para algo más que no sea la muerte y el asesinato. Para disfrutar de la vida.

Zac: ¿Adónde quieres llegar?

Ness: Has dejado que Kane se apodere de tu vida.

Zac: Mira, ese canalla se ha escapado de la cárcel. Ha secuestrado a tu hermana. Ha asesinado ya a dos personas, y ahora va a por ti. ¡Por supuesto que se ha apoderado de mi vida!

Ness: No me refería a eso -alzó una mano-. Se ha apoderado de tu vida, pero no solo desde que se ha escapado esta última vez, sino desde antes. Desde hace dos años. Has dejado que se te meta debajo de la piel. Desde hace dos años, has consentido que te arrebate todo lo bueno que hay en tu vida. Te ha dejado a solas con la oscuridad, con el mal, con la muerte.

Zac: Todo eso forma parte de mi trabajo. ¿Qué quieres que haga? ¿Que renuncie? -sacudió la cabeza, incrédulo-. Si lo hiciera, moriría más gente.

Ness: No te estoy sugiriendo que renuncies. Jamás haría una cosa así.

Zac: ¿Entonces qué me estás sugiriendo?

Se mordió el labio. Ansiaba sugerirle que la amara, que se casara con ella, que retomaran la vida que habían planeado llevar juntos, una vida llena de alegría, de niños. La vida que había destrozado Kane. Pero sabía que eso sería una pérdida de tiempo.

Ness: Habla conmigo. Aquí, ahora. Quizá pueda ayudarte -conteniendo el aliento, lo miró a los ojos. De repente vio que su expresión se suavizaba-.

Zac: No puedes ayudarme.

Ness: Pero conozco a Kane. Y te conozco a ti. Y tal vez yo sea la única que pueda ayudarte.

Zac: No puedes.

Ness: Sigues teniendo miedo de contaminarme, ¿verdad? De mancharme. -Zac tensó la mandíbula, pero no dijo nada. No hacía falta-. No eres tú quien está manchado, Zac. Son los asesinos a los que das caza. Tu trabajo solo es una parte de tu persona. Tú eres mucho más.

Suspirando, negó con la cabeza.

Zac: No. Eso no es algo que puedas separar de mi persona. Este trabajo cambia a la gente, Ness. Te hace ver el mundo de una forma completamente distinta. Te cambia.

Ness: Sé lo que quieres decir, Zac, pero…

Zac: No, no lo sabes. Y yo no te lo estoy explicando nada bien -se pasó una mano por la cara, con gesto cansado. Cuando volvió a mirarla, lo hizo con una expresión de tristeza y arrepentimiento-. Apuesto a que tienes un permanente nudo en el estómago. Por eso no tienes apetito, a pesar de que solo has comido una vez en las últimas cuarenta y ocho horas. -Vanessa lo miró en silencio. Resultaba obvio que tenía razón, así que lo dejó continuar-. ¿Y dormir? Debes de haber dormido unas tres horas desde el momento en que llamé a tu puerta. -Otra afirmación que Ness no podía negar-. No puedes comer. No puedes dormir. Kane ha destrozado tu tranquilidad de espíritu, Ness. Y eso no tiene remedio. Nunca volverás a sentirte a salvo. Incluso aunque esta trampa funcione a las mil maravillas. Incluso aunque rescatemos a Brittany… y atrapemos a Kane. Nunca volverás a entrar en tu casa sin ver el cuerpo de Fiona Hamilton en el porche. Nunca volverás a mirar por una mirilla… sin ver los ojos de Kane observándote. -Aquellas palabras no pudieron afectarla más. Tenía razón. Esos sucesos la acompañarían durante el resto de su vida-. Y cuanto más tiempo te expongas a la maldad de Kane, peor será. Créeme. Te irá devorando por dentro, hasta que veas en cada hombre, hasta en el ser más inofensivo, un asesino -cerró los ojos, como acosado por imágenes que solamente él pudiera ver. Imágenes de muerte que estuvieran alojadas para siempre en su cerebro. Suspirando profundamente, volvió a abrirlos-. Luego, de repente, nada será como antes. Todo significará una amenaza, un peligro. Y cada día, desde que despiertes hasta que vuelvas a dormirte, si es que puedes… lo único que verás será el mal, la crueldad, la muerte. -Vanessa se estremeció. Y Zac la acercó hacia sí, frotándole tiernamente un brazo, como si quisiera hacerla entrar en calor-. Pues imagínate todo eso y multiplícalo por las decenas de casos de los que me ocupo cada año. Eso es lo que siento, lo que vivo. Tú hablas del mal y de la muerte, pero yo los conozco de cerca, íntimamente. Están dentro de mí. Forman parte de mi persona. -Vanessa se aferró a él, conmocionada, desesperada. Ahora lo entendía-. Mientras trabajaba en el caso de Kane, hace dos años, me di cuenta de que había traspasado la línea. Había cruzado la frontera. Era como si hubiese perdido la capacidad para ver las cosas con los ojos de una persona normal. No podía disfrutar de nada, ni siquiera de un día soleado, o de la brisa fresca, o del aroma de las lilas. Lo único que veía era oscuridad. Lo único que podía oler era sangre… -Su rostro reflejaba una inmensa tristeza. Una tristeza que, según pudo descubrir Vanessa, no podía aliviarse con una caricia, o con unas cuantas palabras amables. Una tristeza que no tenía cura-. Por eso mi vida es así, Ness. No tiene remedio. Y arrastrándote a ti a este infierno tampoco voy a resolver nada.

Vanessa sacudió la cabeza. Quizá Zac creyese en un destino fijado para siempre, pero ella no.

Ness: Cuando vi la fotografía de Brittany en la celda de la cárcel, me dijiste que no me dejara vencer por Kane. Pero eres tú quien se está dejando vencer por él, al renunciar a todo lo bueno y lo alegre que puede haber en tu vida. Al dejarte dominar por la oscuridad, le estás entregando en bandeja la victoria. -Zac giró la cabeza, apretando la mandíbula. Ness se aferraba a su brazo como si su vida dependiera de ello. Ahora era su turno. Su turno de hacerle comprender-. Pero no tiene por qué ser así. No tienes que hacerlo todo tú solo. Juntos somos fuertes. Juntos podremos soportar cualquier cosa.

De pronto se volvió hacia ella, fulminándola con la mirada.

Zac: Tú eres más fuerte sin mí, Ness. Ojala no me hubieras conocido.

Ness: ¿Sabes una cosa? Si realmente piensas eso… entonces ya le has dejado ganar a Kane, y a todos los que son como él.

Zac: Lo pienso, Ness -murmuró en voz baja-. Y tú deberías pensarlo también.

Vanessa cerró los ojos. El dolor de Zac era mucho más profundo y estaba mucho más fijado de lo que lo había sospechado en un principio. Quizá tuviera razón. Quizá realmente había cosas que no tenían remedio, que no podían arreglarse. Y quizá había gente que jamás podría ser salvada. Dios sabía que, muy probablemente, su madre había sido una de esas personas. Bebiendo y bebiendo hasta la muerte en un constante esfuerzo por olvidarse de todas las decepciones que había sufrido. ¿Podría Brittany ser también una de ellas?

¿Podría serlo Zac?

Se estremeció de pies a cabeza. Tal vez no pudiera salvar a Zac. Pero sí podía hacer algo al respecto.

Ness: Sé que no puedo ahuyentar la oscuridad, Zac. Pero sí que puedo darte un rayo de luz. -Le acarició la mandíbula. Bajo sus dedos, el contacto de su barba era áspero como la lija. Áspero y duro. Como el hombre en que se había convertido-. Déjame amarte, Zac. Solo por esta noche. Déjame tocarte, y acariciarte, y amarte. Lo necesitas. Y yo también.




Si os ha gustado este capi, el siguiente os chiflará XD. Es el más esperado, eh ;)

¡Gracias por los coments!

Lau, si me vuelves a preguntar cuando pongo el test, haré uno solo para ti con un millón de preguntas en el que te pediré que me digas todas y cada una de las frases de todos los personajes ^_^

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